Paseando por el mundo: Fútbol de playa
A quien vive o ha vivido cerca del mar, le resulta difícil y duro alejarse de la costa. La mar, como la llaman los marineros, te atrapa y no te permite escapar de ella. Soy consciente de la gran fortuna que tengo de residir en Santander, donde el potente y vigoroso Mar Cantábrico marca carácter.
Vivir en la costa es un privilegio que no tiene precio. Los pueblos y las ciudades con puerto y playa gozan de amplios espacios naturales públicos, que facilitan tanto la diversión y los juegos de los niños como la sociabilidad de los mayores. La ciudadanía, por tanto, convive y se moldea con la Naturaleza.
Pasear por el puerto o cerca del mar es una actividad gratuita que aporta bienestar. El tiempo pasa rápidamente cuando contemplamos el ir y venir de las olas, de los bañistas, de los surfistas o de los barcos.
No importa que sea verano, primavera, otoño o invierno, siempre es el mar un lugar de encuentros y reencuentros. El tiempo atmosférico pocas veces resulta un obstáculo para acercarse a contemplar la mar, que cambia sus ritmos vitales según las estaciones.
Una de las actividades deportistas habituales y típicas de todas las ciudades marítimas del Norte son las liguillas de fútbol en la playa, que se organizan en los arenales húmedos, en las épocas menos turísticas y veraniegas.
Estos partidos en la playa son todo un espectáculo visual para quienes los contemplan y una actividad deportiva saludable para quienes participan en ella, amplia relaciones y crea fuertes lazos de amistad. Afortunadamente, ya es posible ver en un mismo equipo jugadores de ambos sexos.
La extensión de la Segunda Playa del Sardinero posibilita albergar hasta ocho campos de fútbol, perfectamente delimitados. En la Primera Playa acostumbra a haber uno o dos, que son los que no tienen cabida en la otra.
Cada fin de semana un carrusel de futbolistas, de árbitros, de aficionados, de balones, de camisetas, de colores, de voces, de aplausos y de silbatos invade la playa. Los jugadores, gracias a su esfuerzo, sudor, pasión y afición, dibujan un paisaje diferente en el Sardinero.
Las fotografías que acompañan este texto de En zapatillas o en zapatos han sido tomadas el pasado domingo, día 26 de enero. Un día fresco pero radiante, soleado, luminoso y maravilloso.









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