Libros y lecturas: Paulina


Paulina

Recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que leí Paulina, o, mejor dicho, que me lo leyeron. Tenía yo diez años y la profesora del colegio adquirió la buena costumbre de leernos una libro, dos tardes a la semana. Contra todo pronóstico, ninguna de las niñas de la clase (en aquella época, niños y niñas ibamos a clases o a colegios distintos) se aburrió o se durmió. Llegamos a considerar a Paulina como una más de nosotras; lloramos y reímos con ella.



Curiosamente, el relato de Paulina me recordó, desde la primera hasta la última página, la historia de Heidi, mi otra heroína infantil, que conocí a los ocho años, cuando tuve la suerte de recibir este libro como regalo de mi tía Luisa. Lo leí con avidez y me gustó tanto que me pasé una semana entera pidiéndole a mi abuela que me comprara la continuación, Otra vez Heidi. Mi abuela Tina disfrutó, tanto como yo, con las lecturas de Paulina y de Heidi. Parte de mi afición a la lectura se la debo a ella. Fue a la escuela solo hasta los nueve años, pero amaba con locura la lectura y le encantaba la contabilidad. Fue una lástima que los convencionalismos sociales del momento y las obligaciones familiares le impidieran, siendo ya abuela, estudiar.



Ciertamente, las dos niñas Paulina y Heidi, creadas ambas por mujeres, tienen muchos puntos en común. La vida no se comportó nada bien con ellas, pero supieron sobrevivir y, a pesar de los obstáculos y de las zancadillas de familiares y conocidos, salieron adelante con optimismo y, lo que es más increíble, sin perder la inocencia.



Con mis primeros ahorros infantiles compré el libro de Paulina en una edición barata, motivo por el que las hojas se soltaban en la medida en que yo leía y releía el libro. En aquella época, el título de la obra era Paulina, el mundo y las estrellas. 



Como era previsible, este libro junto con el de Heidi fueron los primeros que regalé a mi hija mayor, cuando apenas tenía ocho años. Recuerdo que César, un magnífico y erudito librero, recientemente fallecido, me señaló que era un libro demasiado serio para una niña tan pequeña. Y es cierto, es un libro de adultos que pueden leer los niños, pero con una perspectiva muy distinta.

Y años después, mi otra hija también conoció los avatares de Paulina, de Nin, de los abuelos, de Marta, etc. Por fortuna, ambas tienen un sitio en su corazón, como antes lo tuvieron su bisabuela y su madre, para esta pequeña joya de la literatura española.


La narración nos cuenta la historia de Paulina, una niña huérfana de diez años que vive con Susana, una tía lejana, no muy cariñosa, que se ve obligada a irse a vivir a un pueblo de la montaña con sus abuelos, a los que apenas conoce. El motivo de este cambio en su vida es la necesidad que tiene de reponerse de la enfermedad que ha sufrido. Allí conocerá a Nin, un niño ciego, con el que iniciará una sincera y profunda amistad.



Ana María Matute (1925/2014), miembro de la Real Academia Española y Premio Cervantes, no necesita presentación. Sin duda alguna, es una de las mejores escritoras española del siglo XX y principios del XXI.

La autora de Paulina, publicada en 1960, es una escritora realista que trata siempre temas relacionados con aspectos sociales, políticos y morales. El pesimismo que muestra en muchas de sus obras es un reflejo de su propia y dura vida privada. El personaje de Paulina presenta cierto paralelismo con la vida de la autora, que también se vio obligada a trasladarse al campo siendo niña. Este periodo de su vida la marcó para siempre.


En zapatillas y en zapatos os animamos a leer o releer este magnífico libro, que os deleitará por el dominio del lenguaje de la autora, por las descripciones detallistas y, sobre todo, por la candidez y la ingenuidad de la protagonista, que consigue transmitir su bondad a quienes la rodean.

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