Paseando por el mundo: Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo

Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo
La
Universidad de Oviedo, situada en la ciudad del mismo nombre del Principado de
Asturias, se creó en el siglo XVI, a instancias del arzobispo Fernando Valdés
Salas. Su edificio histórico, que en la actualidad acoge la Biblioteca Central
de la Universidad y que hasta hace unas
décadas la Facultad de Derecho, se encuentra en la calle San Francisco número 1,
a pocos metros del Ayuntamiento y de la Catedral. Es decir, hoy como ayer, la ciencia y la cultura están a la vera del poder político y del eclesiástico.



Existen
momentos, instantes, vivencias y sensaciones que no se olvidan a lo largo de la
vida. El edificio histórico y central de la Universidad de Oviedo (que siempre será mi
Universidad) y yo mantenemos una larga
relación pasional, que se inició en mi infancia. Su imponente arquitectura me
atrajo desde que tenía ocho años, cuando llegué a vivir a Oviedo desde la
Cuenca Minera. De niña me encantaba balancearme en las gruesas cadenas que
enmarcan la puerta principal.




En
la adolescencia era un punto de paso o de partida para deambular por el Oviedo antiguo, donde detrás de cualquier puerta o esquina se podía encontrar una nueva sorpresa. Cada
rincón, cada portal, cada comercio de esos años siguen vivos en mi memoria, sin una sola nube que oscurezca su recuerdo.



En
mis años universitarios, este vestusto y hermoso edificio se convirtió en 
mi sala de
estudio.
Era motivo de orgullo para mi
pasear por el claustro y los pasillos que recorrieron tantas veces, como alumnos o como profesores, Gaspar Melchor de Jovellanos, Rafael del Riego, Alejandro Mon y Menéndez,
Leopoldo Alas Clarín, Armando Palacio Valdés, Melquiadels Álvarez, Ramón Pérez de
Ayala, Alejandro Casona, Gonzalo Torrente Basteller, Ángel González, Benito
Jerónimo Feijoo, Luis Alfonso de Carvallo, Rafael Altamira y Cuevas, Felix de
Aramburu y Zuloaga, Nicolás Salmerón, Fermín Canella Secades y una larga lista de ilustres personajes que me resultaría imposible de cerrar.


Estudiar
en la noble biblioteca de este edificio central era siempre un premio y un
privilegio. Si, además, lo hacía en compañía de mi príncipe azul, el paraíso se
encontraba en la calle San Francisco I. Las horas de estudio se ajustaban como un guante al horario de la Biblioteca. Entre sus viejas mesas de madera, su inconfundible olor, rodeada de historia y de honorables libros me resultaba doloroso abandonar cada día este refugio de paz y de sabiduría.



Ciertamente,
el destino jugó de mi parte y aprobé una oposición
de bibliotecaria en la Universidad de Oviedo. Tardé meses en darme cuenta de
que trabajar allí no era un sueño, sino un logro real. Así pues, en compañía de Carmen, Cristina
y de Coté inicié mi singladura como bibliotecaria de la Universidad de Oviedo, en un aledaño moderno del edificio histórico, justamente en San
Francisco 5. Pocos meses después, nos trasladaron al edificio histórico, concretamente al Aula Sevilla, precisamente
el lugar donde defendí el primer examen de la oposición. Allí Isabel llegó para
sustituir a Carmen y juntas iniciamos una gran amistad que ha llegado hasta
hoy.



Alejada
de mi Oviedo y de mi Asturias del alma, sigue este lugar ardiendo
en mi corazón. Cualquier excusa es buena para volver a pisar este sagrado recinto.
La última vez ha sido el martes de la semana pasada, cuando tuve la inmensa fortuna de
compartir mesa, penas y risas entre familiares y amigos.


Por
todos los momentos allí vividos, buenos y malos, quiero homenajear en Zapatillas o en zapatos este inmortal edificio
histórico de la Universidad de Oviedo, que me ha dejado, para bien o para mal, una gran impronta en mi forma de ser y de actuar. 



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