Paseando por el mundo: La iglesia y el cementerio de Niembro


La iglesia y el cementerio de Niembro


El viernes pasado efectué un viaje sentimental a uno de los lugares más emblemáticos de mi infancia, adolescencia y juventud. Un escenario de película que me evoca momentos de mi vida muy lejanos ya en el tiempo, y cuyo recuerdo deja escapar amargas lágrimas de pena y nostalgia por la gente que perdí.




La tarde gris y fresca, a pesar de ser verano, y el olor característico de la bajamar acentuaron, si cabe, la imagen fantasmal y encantadora del ayer. No pude escapar de mi pasado que se agolpó en mi cabeza y en mi corazón. Me vi, junto a mi abuela Tina y mis hermanos, merendar y descansar en el lugar, quejándonos los niños del recorrido, que aún debíamos desandar para regresar a nuestra casa de Celorio, situada a más de cuatro kilómetros. Pero mi abuela, una andarina incansable, no tenía misericordia con nosotros, y cada tarde nos llevaba de paseo por los diferentes caminos y caleyas que partían del pueblo para visitar lugares maravillosos. 




Más de una vez, nos sorprendió en el lugar un gran chaparrón o una virulenta tormenta. En esos casos buscábamos refugio en el atrio de la iglesia, mientras nuestros corazones estaban a punto de estallar por el miedo a qué un rayo nos alcanzara, a causa de los enormes y bellos árboles que nos rodeaban. Afortunadamente, nunca tuvimos el menor sobresalto, pero esos momentos de temor y de angustia han dejado su huella.




Otras veces llegábamos como señores al lugar en el coche familiar. En ese caso, nos acercábamos al pequeño puerto para pescar cangrejos y quisquillas con los celabardos. El botín no solía ser grande, pero la algarabía y la alegría resultaban inmensas cuando alguna presa entraba en la red. 

Años más tarde, nuestro medio de transporte fue la bicicleta. En esos veranos acercarse al cementerio de Niembro era una delicia. Los coches, siendo ya numerosos, no molestaban, y el trayecto era cómodo y agradable, y la visión, desde la curva de Barro, del lugar era insuperable. Y cuando el amor golpeó mi corazón, los paseos de la mano, en bicicleta o en coche al cementerio eran inmensamente románticos y hermosos. En esos años, los pies tenían alas y yo volaba, no andaba.




Niembro es una parroquía de Barro, pueblo del concejo (municipio) de Llanes, en Asturias. En una península que se mete en la ría de Barro, se alza la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, el templo parroquial, construido a finales del siglo XVIII. A su espalda se encuentra el cementerio. Los lugareños dicen irónicamente que "los muertos de Niembro son los más salados del mundo". Afirmación cierta ya que el agua de la ría se filtra en las tumbas. Los que nos criamos a su alrededor hemos escuchado de los mayores miles de historias de cadáveres que se exhumaban y se conservaban tal como se enterraron.




Asturias, en general, como dice el eslogan turístico, y Llanes, en particular, es un paraíso natural, donde perderse es siempre un premio. El clima, que te sorprende en verano con días otoñales y en el invierno con días primaverales, es un elemento más del paisaje, hasta el punto de fusionarse con el agua, la tierra, el cielo y las gentes.


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