Paseando por el mundo: Flores y difuntos

Flores y difuntos

En zapatillas o en zapatos queremos resaltar el importante papel que tiene la Naturaleza en estas fechas para honrar la memoria de nuestros seres queridos. Las pequeñas, alegres, coloristas y maravillosas flores son el vínculo de unión entre los vivos y los muertos.




De todos es sabido que la flor es símbolo de belleza y que cada especie tiene su propio lenguaje y significado. Quien regala flores desea homenajear o agradar. Las flores nos acompañan en los grandes momentos de nuestras vidas: cuando nacemos, cuando nos enamoramos, cuando nos casamos, cuando conseguimos algún triunfo, cuando deseamos premiar a alguien o a nosotros mismos y, cómo no, cuando nos despiden en nuestra muerte.





Curiosamente, el mes de noviembre, triste, lluvioso, frío y melancólico en el Hemisferio Norte, es en la actualidad el mes del año en el que se venden y se compran más flores. Pero no se adquieren para honrar a los vivos sino a los que ya no están con nosotros. Los días 1 y 2 de noviembre celebramos en España las fiestas de Todos los Santos y el Día de Difuntos acudiendo a los cementerios con flores para adornar las tumbas.




Esta fiesta tiene aún gran arraigo en muchas sociedades, a pesar de que las nuevas formas de enterramiento y el menor peso de la religión las han hecho perder fuerza. La costumbre de acudir al cementerio para visitar a los difuntos portando flores está muy extendida en el mundo.




Por citar solamente algunos ejemplos, tenemos que señalar que los italianos acuden estos días también a los cementerios y, a continuación, se van a casa a comer en familia. Es un día de añoranza por los muertos, pero de comensalidad con los vivos. En Alemania o en Suiza es en el Totensonntag o Domingo de muertos, que tiene lugar el último domingo de noviembre, cuando se acude a los cementerios con flores.




En Polonia se adornan los cementerios con miles de velas, lo mismo que ocurre en Serbia, Eslovenia y Eslovaquia. En Francia la fiesta se denomina Toussaint y se acude a los cementerios con crisantemos.




De todos son conocidas las costumbres tan enraizadas en la muerte de nuestros amigos de México, Ecuador, Filipinas o Perú. En estos países se acude al cementerio ese día, y se come y se bebe alrededor de las tumbas. En Nicaragua se va más allá a la hora de acompañar a los muertos, ya que es costumbre dormir la víspera en el cementerio.




Otra de las curiosidades de estos días es que existe un interesante repertorio gastronómico de dulces específicos de estos días en la mayoría de los países, como las calaveritas mexicanas o los huesos de santo españoles.




La variedad de flores que adornan las tumbas de los muertos se podría decir que es casi infinita, pero destacan por su mayor aceptación los crisantemos, los lirios blancos, las rosas, los claveles, los gladiolos, las margaritas y las azucenas.




Durante unos días, un abanico de colores adornará los cementerios, iluminando y alegrando un lugar, que es el más claro símbolo del dolor de los vivos y de la soledad de los muertos.


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