Paseando por el mundo: Mercado Central de Riga (II)

Mercado Central de Riga (II)


Entrar en el Mercado Central de Riga es entrar en un mundo sorprendente, en el que la modernidad del siglo XXI va de la mano del modo de vida de mediados del siglo XX. Tanto en el interior de los hangares y de los almacenes, como en los puntos de venta del exterior, los puestos tienen, en mayor o menor medida, cierta homogeneidad, a pesar de existir grandes diferencias.





Es, precisamente, en los puestos destinados a la venta de productos perecederos, tales como pasteles, mieles, bocadillos, cuando la peculiaridad del mercado es mayor. En el caso de los productos imperecederos, sobre todo ropa, calzado y artículos del hogar, los contrastes son mayores de unas tiendas o tenderetes a otros, por cuanto la calidad del producto es muy diferente, como también lo es el comprador a quien va destinado.




El público que acude al  mercado es diverso, ya que al lado del turista o del yuppie que hace un alto en su jornada laboral para observar o tomar un refrigerio, nos encontramos con clientes habituales que parecen recién salidos de 1960 por el aspecto y la ropa que visten.





En zapatillas o en zapatos nos llamó la atención, en el hangar de la carne, una interesante y curiosa exposición fotográfica sobre la construcción del recinto, y la existencia de un establecimiento dedicado exclusivamente a productos españoles.





Cuatro de los cinco hangares son paralelos y muy próximos unos a otros, mientras que el quinto es perpendicular a éstos. El primero es el de la carne. Sus instalaciones ofrecen un mayor porcentaje de productos derivados del porcino y del avícola. El contraste de higiene y de orden entre los puestos es llamativo. Mientras algunos se ajustan a los estándares higiénicos más exigentes, otros dejan bastante que desear, utilizando los vendedores cajas sucias y reutilizadas para el corte de la carne. 





El segundo cobertizo está destinado a los productos lácteos, a los panes y a los dulces. Aquí la mantequilla se vende en trozos, a demanda del cliente, y los yogures se pasan, desde los depósitos donde se almacenan, a tubos o vasos que lleva el comprador. Los quesos cremosos y poco hechos son los más abundantes.





El tercer hangar está destinado a la venta de pescados. Por las preferencias de los habitantes, la sección de ahumados es impresionante, hasta el punto de necesitar la mayor parte del espacio para exponer sus productos. Entre los pescados destacan el salmón, el arenque, el esturión y la trucha. Otra de las sorpresas que nos ofrece el recinto es la enorme cantidad de caviar, de huevas y de tripas que se ofrecen. Curiosamente, apenas había mariscos o crustáceos.





Los pabellones de frutas y de verduras destacan por su color, variedad y aroma. Predominan, como en el exterior, los puestos de venta de fresas y arándanos. Curiosamente, e inexplicablemente, la mayoría de éstos provienen de Grecia o de España, pero se ofrecen mucho más baratos que en los países de origen.





Además de los puestos que venden platos cocinados típicos, los diferentes recintos acogen varias cafeterías que ofrecen platos tradicionales a precios muy económicos.





Este interesante y hermoso mercado, auténtico pulmón verde, por la enorme cantidad de plantas, flores y semillas que se venden, ha de ser una meta para cualquier viajero que tenga a Letonia como destino.

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