Aficiones y pasatiempos: The White Lion (miniatura)

The White Lion (miniatura)

Desde el 11 de julio de 2018, que nuestro blog En zapatillas o en zapatos mostró la entrada Estudio de pintor en miniatura, no habíamos vuelto a publicar ninguna otra obra de los consagrados artistas Josefina Solana y Alfonso San Martín. Antes habíamos admirado su Galería de arte en miniatura, el miércoles 13 de junio de 2018, y A Ginjinha, en la entrada del miércoles 27 de junio de 2018.  


En esta ocasión, tenemos la inmensa fortuna de presentar la miniatura The White Lion. En ella se representa un pequeño y coqueto café, que toma su nombre de un homónimo inglés situado en el Covent Garden. Exteriormente, recuerda al clásico pub inglés. El nombre del establecimiento luce en lo alto de la fachada con todo su esplendor.


La escena, cuyo suelo es de madera, tiene unas dimensiones de 45 cm de ancho, por 27 cm de alto y 28 cm de fondo. Está cubierta con un cristal, que se puede abrir y cerrar. En el exterior, se han instalado dos enormes ventanales, con tres cristales en capilla cada uno, y una puerta doble. El color blanco de estas aperturas contrasta con la pintura rojiza de la fachada. Los tres faroles y las cuatro macetas con flores emulan las tabernas inglesas. Un cartel de pie con el anuncio de una marca de cerveza completa la fachada, junto con las dos copas que se ven tras los cristales.


El interior del café es bonito, cálido y acogedor. La representación está perfectamente construida, porque se han cuidado y mimado todos los detalles. Detrás de un precioso y elegante mostrador, se encuentra el camarero, rigurosamente vestido según los estándares de la profesión. Este muñeco ha sido adquirido en la Alcaicería de Granada (Véase la entrada La Alcaicería de Granada del miércoles 26 de septiembre de 2018).


Detrás del camarero se encuentra una vistosa vitrina repleta de bebidas. Destacan en ella, aparte de la propia estructura, los sifones y las licoreras. Asombra el perfecto etiquetado de las botellas. La cristalería se encuentra colocada sobre un paño blanco. En la parte inferior, en los huecos abiertos, asoman las tazas de café y otras piezas de la cristalería. Tanto el mostrador como la vitrina están tallados y presentan la misma decoración.


Los tres taburetes altos, de madera y de cuero, delimitan la zona de la barra. Sobre ella se han instalado los dispensadores de cerveza y una bandeja, con bebidas y aceitunas, preparada para llevar a algún cliente. Cuesta trabajo creer que todos los elementos estén fabricados en miniatura, y que alcancen un grado tan alto de realismo.


Un hombre, cuya figura fue adquirida en el Hospital de Bonecas de Lisboa, está cómodamente sentado en una silla thonet, disfrutando de un delicioso y caliente café con leche acompañado de pastelitos variados. En otra de las mesas redondas, de madera y de mármol, está el periódico que leía el comensal antes de merendar. En la tercera mesa encontramos una copa de vino, una caña casi vacía y un sándwich mordido. Sin duda alguna, los dueños de estas consumiciones se han ausentado al baño, que se encuentra tras la puerta.


No nos cansaremos nunca de repetir que Alfonso realiza sus minúsculas y realistas pinturas sin lupa. El cuadro que preside el establecimiento está pintado al óleo sobre un lienzo de unos nueve centímetros. Está enmarcado y dispone de su propia iluminación. Representa una de las imágenes londinenses más típica: el Parlamente inglés con el río Támesis delante y uno de sus puentes. El resto de los cuadros son láminas.


Las lámparas, las columnas, la etiqueta de una marca de cerveza y el perchero con el gabán ayudan a ambientar la escena. Todos los elementos de esta representación tienen su propia historia y son ya una pequeña parte de Josefina y de Alfonso. Como curiosidad, hay que señalar que el cristal de la puerta proviene de una vidriera de Edimburgo, que las tres botellas del mueble bar son copias auténticas en cristal de las botellas de whisky, y que las licoreras fueron adquiridas en Lisboa.


Por muchas veces que veamos las artísticas miniaturas de Josefina y de Alfonso no podemos dejar de sorprendernos y de admirarlas. Es increíble que hayan convertido su afición en un arte tan maravilloso y perfecto. Detrás de una artesanía como la de The White Lion hay muchas horas de trabajo, de dedicación, de pasión y de amor. Por término medio una obra de estas dimensiones y características ocupa todas las horas libres del día durante seis meses. Por fortuna para todos nosotros, Josefina y Alfonso piensan seguir con su afición.

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