Decoración: Cómo personalizar nuestra cocina
Cómo personalizar nuestra cocina
En los últimos años, gracias a los medios de comunicación, las cocinas han pasado a ocupar un lugar de honor en nuestras casas, tal como sucedía muchas décadas atrás. Han dejado de instalarse en las zonas más sombrías de las viviendas para disfrutar de la ubicación estrella junto con el salón.
Este cambio es consecuencia de una corriente que apuesta por la vida familiar, sin divisiones en el trabajo, y porque todos los miembros de la familia compartan el mismo espacio. El escaso tiempo libre que permiten las ocupaciones laborales se desea disfrutar con los seres más queridos, sin que ninguna actividad doméstica lo impida.
De ahí que la cocina sea el centro de la vida familiar. Por razones fisiológicas, todos debemos comer diariamente varias veces. Los pucheros contundentes de las abuelas han pasado a la historia. Hoy también se rechaza comer habitualmente fuera de casa los menús de cafeterías, restaurantes o bares. Se prefieren los platos elaborados en nuestras cocinas.
Resulta habitual que cualquier lugar de trabajo, por pequeño que sea, cuente con una zona acondicionada para comer, donde el microondas es el protagonista. Se ha normalizado el hecho de que los estudiantes y los trabajadores lleven de casa la comida preparada, por considerarla más sana y económica que cualquier plato que nos pueda ofrecer un establecimiento especializado.
Esa preferencia por la comida casera ha propiciado que el funcionalismo y la estética de la cocina nos importan más que la decoración del salón. Todos aspiramos a tener una cocina práctica, pero soñamos, paralelamente, con esas enormes cocidas integradas que los programas de decoración americanos y canadienses nos muestran en la televisión.
Siempre hay afortunados que pueden hacer realizar este sueño. Desgraciadamente, la mayoría de nosotros debemos sacar partido de la cocina que tenemos desde hace 10, 20 o 30 años porque nos resulta imposible renovarla. Tenemos, por tanto, con ingenio e imaginación, conseguir que sea práctica, bonita, y que nos encontremos en ella cómodos y satisfechos.
Tanto si vivimos en la ciudad como en un pueblo, tenemos a nuestro alcance multitud de productos y materiales que nos permiten hacer un lavado de cara y transformar nuestra fea cocina en una deslumbrante. Cualquier azulejo, mueble o suelo, se puede transformar con una simple capa de pintura, en unas horas, a un coste relativamente económico.
Lo más importante para que resulte agradable nuestra cocina, y poder presumir de ella, es aportar nuestro toque personal. Por este motivo, los pequeños detalles marcan la gran diferencia.Tenemos que acostumbrarnos a rodearnos de utensilios y cosas que nos faciliten las tareas y que añadan un plus de calidez a nuestras casas.
Una caja bonita, un bote de color, una percha divertida, un frutero de diseño, o una planta natural, crearán en nuestras cocinas bellos rincones que nos enamorarán. Para que esto ocurra, hay que tener presente que incorporar un objeto no es lo mismo que almacenar o apelotonar. No hay nada más desagradable que una cocina sucia y trasteada. Podemos tener tantos objetos como queramos a la vista, pero siempre ordenados y formando conjuntos coherentes y estéticos.
Las verdaderas cocinas son las vividas, las que sufren cada día el vapor de las ollas, los miles de olores de los guisos y las sobremesas en torno a una taza humeante. Estas cocinas respiran vida y pasión, pero también sufren un mayor deterioro. Por este motivo, tenemos que dar mucha importancia al mantenimiento y reparar o renovar todo lo que se va degradando.
Para mantener actual nuestra cocina, es muy saludable renovar y cambiar todo lo que ha de dejado de tener utilidad o que ya no nos agrada. En el mercado podremos encontrar siempre un sustituto que nos encante y dar, con su incorporación, un giro a nuestra cocina.
En zapatillas o en zapatos os animamos a que creéis un rincón cálido y personal en vuestras cocinas.






















