Aficiones y pasatiempos: Una tienda en miniatura
En
zapatillas o en zapatos
os traemos una pequeña obra de arte, fruto de la afición de su creadora por las
miniaturas. Ya conocíamos de esta artista una escena navideña (entrada del 4 de enero de 2018). Lo que
presentamos hoy es una pequeña tienda de comestibles, llamada tradicionalmente de ultramarinos o coloniales, típica y habitual en cualquier pueblo o ciudad europea, décadas atrás. El escaparate tiene un toldo de rayas, a juego con la pintura de la fachada y de la puerta.
El contenedor del escaparate es una caja de vino y, como siempre, para
proteger los materiales lleva un cristal. El inconveniente de ello es que, con
la luz, se producen reflejos en las fotografías, y no se aprecian con nitidez todos
los detalles, impidiéndonos, en este caso, percibir los dos carteles que están en los laterales del
escaparate.
Como ya explicamos en anteriores entradas, esta escena en miniatura está realizada con papel y
con cola. Su elaboración esconde muchas horas de trabajo y de minuciosidad.
Cada elemento supone una lenta personalización: ninguno es igual a otro.
En
el escaparate podemos contemplar parte de los productos que se ofertan a los
compradores: cajas de frutas, botellas de vino, aceite, chocolate, latas de conserva, etc. El realismo que
muestran todos los objetos es asombroso, y no deja de sorprender cuanto más se mira. En la puerta, una cortina blanca impide
ver el interior, pero, como no podía ser menos, en la misma figura el horario de
apertura y de cierre del establecimiento.
La
tienda, fundada en 1954 como indica el letrero, se denomina Alimentación Nina. Dicho nombre es en recuerdo y en agradecimiento a Nina, una cariñosa, simpática y querida gata que, durante 13 años, fue
una de las mascotas de la familia de la artista.
Esta
joya nos pertenece desde hace años por gentileza de su creadora. Puedo afirmar
con total rotundidad que Alimentación Nina, junto con la majestuosa oca, la simpática osita Clara y las dos cocinas de época, de las que otro día hablaremos, son nuestros tesoros familiares,
porque no tienen réplicas y son únicos en el mundo mundial, como
diría nuestro amigo Manolito Gafotas.











