Paseando por el mundo: El Saluhallen de Gotemburgo


El Saluhallen de Gotemburgo



Gotemburgo, situada a 470 kilómetros al suroeste de Estocolmo, frente a la costa danesa, es la segunda ciudad en habitantes e importancia de Suecia y el mayor puerto de los Países Nórdicos. La ciudad, de 572.000 habitantes, presume, entre otras cosas, de ser el destino gastronómico más importante del País. No en vano tiene siete restaurantes con estrellas Michelín y multitud de establecimientos con importantes premios gastronómicos. 





No es de extrañar, por tanto, que su Saluhallen o Mercado de Abastos sea un lugar imprescindible para visitar a todo aquel que se acerque a esta agradable ciudad. Una de las actividades que más nos gusta realizar cuando viajamos a pueblos o ciudades es pasearnos por los mercados del lugar, ya que son los centros neurálgicos para conocer a sus habitantes y las costumbre de los mismos. 





Este Sahuhallen, inaugurado en 1889, es un mercado típico sueco, instalado en un edificio de ladrillo rojo con una cubierta de hierro, bonita y llamativa, y, como no podía ser de otra manera, responde al concepto gourmet del que los nórdicos hacen bandera. Lo primero que llama la atención, nada más entrar en el recinto, es la extremada higiene y limpieza que reina, y que responde a los criterios exigidos por una sociedad extremadamente aseada, ordenada y eficiente como es la sueca. Lo segundo que más sorprende, es la ausencia de los olores desagradables que, a menudo, acompañan a los mercados de abastos.





A pesar de su pequeño tamaño, es un mercado lleno de encanto, donde se pueden admirar y adquirir productos de calidad, tanto suecos como de importación. De esta forma, la carne de reno o de alce, los bombones de queso azul de Kanold, los embutidos, los mariscos, las verduras, las especias, las salsas, los encurtidos, los panes o los dulces desfilan ante nuestros ojos, perfectamente formados y mostrando su mejor aspecto.





Nuestros sentidos asisten a un desfile de colores, aromas y texturas difíciles de olvidar, en un espacio donde se puede comer o disfrutar del fika, hora sueca de la merienda a media mañana o a media tarde, en una atmósfera sumamente agradable, en torno a una taza de café o de té, con el acompañamiento de los deliciosos kanelbullar, los típicos bollos de canela suecos.



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