Decoración: La primera casa (I)
La
primera casa (I)
Iniciamos hoy la primera entrega de una serie de entradas dedicadas a la transformación llevada a cabo por dos jóvenes en su primera casa.
Vamos a comprobar como, con entusiasmo, esfuerzo, voluntad e ilusión, se puede crear
una casa de ensueño, como las que tantas veces hemos contemplado con envidia en las revistas, a pesar de contar con un
escuálido presupuesto.
Uno de los proyectos más
importantes y titánicos al que se enfrenta una pareja es la de adquirir,
mediante compra, una vivienda. La propia idea de ser propietarios encierra una cadena
de cambios mentales, procesos administrativos y desembolsos económicos que parecen
no acabar nunca.
Una vez que se logra firmar la
escritura de la propiedad, que tantas cuentas les ha obligado a realizar, y en la que
la pareja se ha comprometido a repartir sus ingresos con una entidad financiera
durante muchísimos años, empieza una nueva etapa maravillosa, pero tremendamente
fatigosa y estresante.
Las definiciones de casa o vivienda como edificaciones destinadas a ser habitadas son, ciertamente, muy pobres. Estos dos términos encierran muchas otras connotaciones porque sus esencias no se delimitan a los lugares físicos que nos cobijan. Tras ellas se encuentran sensaciones íntimas que
transforman esos inmuebles, que se han adquirido con tanto esfuerzo, en los retiros y los refugios familiares.
Justamente, en el momento en que cogen
las llaves y abren la puerta de su primera casa los recién propietarios, éstos empiezan una batalla aún
más larga y sangrante que la que acaban de vencer. A partir de ese instante hay
que transformar ese inmueble deteriorado y abandonado en un espacio cálido y
acogedor, donde construir su hogar.
No hay que subestimar la cantidad
de dinero, de tiempo, de trabajo, de paciencia, de esfuerzo y de agotamiento que renovar
la propiedad adquirida va a suponer a la pareja, sobre todo si es joven, inexperta
y con escasos recursos.
El paso más importante para
superar el desafío es ajustar el presupuesto al proyecto, y encontrar soluciones funcionales
y económicas para convertir ese feo y vetusto piso en una bonita vivienda. Para
ello no es posible soñar despierto sino adaptar los sueños a la realidad. Es
imprescindible hacer una lista de los trabajos de renovación necesarios y
calcular el coste de cada uno de ellos. Sabiendo que siempre hay que reservar una parte del
dinero disponible para imprevistos.
La pareja ha de convertirse en su
propia mano de obra, si carece de la opción de delegar en terceros, por falta de
recursos. Esta opción es más dura y lenta
pero, sin duda, más personal y gratificante. Para obtener resultados
óptimos, hay que informarse, a través de los tutoriales o directamente con los profesionales, de las técnicas a
emplear. Es una labor pesada y ardua pero que, al final, evita muchos sinsabores.
Hay que tener presente que la
cocina y el baño se llevarán el grueso del presupuesto. Entre otras cosas
porque su renovación revaloriza, al instante, la compra. Por ese motivo no se
deben escatimar ni esfuerzos ni presupuesto. Ambas estancias deben estar en buen
estado y actualizadas.
Tampoco conviene dejarse llevar
por modas o criterios muy personales que cambian y evolucionan rápidamente. Es
preferible que los diseños personales o los caprichos se reflejen en los
muebles o en la decoración, fáciles de sustituir en oposición a los suelos, las puertas, las ventanas
o la distribución espacial, difíciles de modificar y que requieren una elevada financiación para reemplazarlos.










