Libros y lecturas: Un lugar a donde ir
Un
lugar a donde ir
La
gallega María Oruña (Vigo, 1976) vuelve en su segunda novela negra Un
lugar a donde ir (Destino, 2017) a ambientar su trama en el pueblo
cántabro de Suances, igual que lo había hecho en su anterior novela Puerto
escondido. No es casualidad que eligiera a Cantabria como el escenario
de sus novelas. Ella es una asidua de la región, entre otras cosas porque su
padre es cántabro.
Las
investigaciones de la teniente de la guardia civil Valentina Redondo traspasan
el límite del este pequeño pueblo costero. El punto de partida es el
descubrimiento del cadáver de una joven, de aspecto eslavo, vestida con un atuendo medieval de princesa, junto
a una moneda antigua, en un lugar apartado del pueblo, en el que se encuentra
una construcción medieval. A partir de este hallazgo, varios asesinatos, que
giran en torno a la espeleología y la arqueología, se irán sucediendo.
Como
en su anterior novela, asistimos a historias paralelas: la investigación
llevada a cabo por la teniente, la búsqueda que emprende el inglés Oliver,
compañero sentimental de Valentina, de su hermano Guillermo, desaparecido dos
años atrás y la propia relación personal de la teniente y el inglés. Todo ello
en un espacio temporal muy corto: menos
de 75 horas.
Los
paisajes cántabros son tan protagonista de la novela como los son los propios
personajes. La autora ofrece una ambientación precisa y muy correcta, mostrando
una concienzuda documentación.
El
estilo es cuidado y, a pesar de presentar una estructura de los acontecimientos
en tres planos temporales, no resulta ni aburrida ni difícil de leer. Por el
contrario, es una novela entretenida y consigue engancharnos desde el primer
capítulo. El suspense está garantizado, las pistas que ofrece están bien
dosificadas, el ritmo se mantiene, la investigación es metódica y realista, y
el desenlace es correcto y preciso.
A
pesar de que los personajes y los paisajes de Un lugar a donde ir son
los mismos que en su primera novela, ésta se lee de manera independiente. María
Oruña ofrece del primer libro los datos justos y necesarios para cubrir las
lagunas que se presentan en este relato.
Recomiendo
su lectura a los incondicionales amantes
de la novela negra y a los que no lo son porque encontrarán en sus páginas
buena literatura y disfrutarán con los personajes y con los paisajes. Y es
seguro que, cuando lleguen al final, estarán tan deseosos como yo, de que Maria
Oruña publique una tercera novela.






