Paseando por el mundo: Monasterio de San Dimitar Basarbowski (III)
Monasterio de San Dimitar Basarbowski (III)
De la mano de En zapatillas o en zapatos iniciamos la tercera y última visita al Monasterio de San Dimitar en el pueblecito de Basarbowski, en la zona norte de Bulgaría. El lugar está enclavado dentro del Parque Natural Russensky Lom, que recibe su nombre del río que lo recorre. La cueva del monasterio, de roca caliza, se encuentra a treinta y dos metros sobre el nivel de sus aguas.
Este parque natural tiene una extensión de cinco mil hectáreas y alberga una rica fauna y flora. Hasta el punto de contabilizarse más de setecientas especies de plantas diferentes. La región es un punto de encuentro con el país vecino de Rumania. Ruse, a pocos kilómetros del lugar, está conectada con la ciudad fronteriza rumana de Giurgiu a través del Puente de la Amistad.
El Monasterio tiene a los pies de la cueva un pequeño templo, que sorprende por la luz y el colorido. Tanto el iconostasio como los frescos de las paredes y cubiertas muestran escenas religiosas de vivos colores. Es aquí donde se celebran la mayoría de las ceremonias religiosas, ya que puede acoger un mayor número de fieles.
Curiosamente, el santo no está enterrado en este recinto, ni siquiera en el país. Sus restos reposan en la Iglesia de San Constantino y Santa Elena de Bucarest, conocida en la actualidad como Catedral Patriarcal. Durante la guerra ruso-turca (1768/1774), se trasladaron sus reliquias al país vecino para protegerlas. Nunca se han devuelto porque los rumanos sienten también una gran devoción por el santo.
San Dimitar afirmaba ser un hombre sencillo que vivía de sus ovejas y de su viña y no un clérigo. Su fama de hombre bueno y piadoso lo acompañó durante toda su vida. Tras su muerte, fue olvidado rápidamente. Pero tiempo después, varios vecinos de la comarca tuvieron el mismo sueño. En él, se les ordenaba llevar sus restos al monasterio. A partir de ese momento, su devoción empezó a crecer, en la misma medida que lo hacían los milagros que se le atribuían.
Viajar a Bulgaria merece la pena por la riqueza cultural y natural que ofrece. Acercarse hasta el Monasterio de San Dimitar Basarbowski es una oportunidad para conocer de primera mano la importancia cultural y religiosa que tiene el centro religioso, mientras se disfruta de un entorno privilegiado.













