Sesión de cine: La soga
La soga
En zapatillas o en zapatos presentamos una de las mejores obras cinematográficas de todos los tiempos: La soga (1948). Esta película, dirigida por Alfred Hitchcock (1899/1980) tiene como únicos intérpretes a James Stewart (Rupert Cadell) (1908/1997), Farley Granger (Philip) (1925/2011), John Dall (Brandon) (1920/1971), Joan Chandler (Janet) (1923/1979), Constance Collier (Señora Atwater) (1878/1955), Edith Evanson (Wilson) (1896/1980), Dick Hogan (David Kentley) (1917/1995), Douglas Dick (Kenneth) (1920/2011) y Cedric Hardwicke (Henry Kentley) (1893/1964) .
La soga (Rope en su versión original) es una adaptación de una obra teatral del mismo nombre estrenada en 1929. Ésta se inspiraba en el secuestro y asesinato en Chicago de un adolescente de catorce años (Robert “Bobby” Franks) a manos de dos jóvenes universitarios, ricos y con altos coeficientes intelectuales.
Hitchcock, en esta su primera obra en color y también la primera en la que tiene a James Stewart bajo sus órdenes, se propuso experimentar. Para ello, intenta llevar al cine las técnicas del teatro. Por ese motivo, eligió un único escenario, utilizó ocho largos planos de secuencias, y pretendió grabarla en tiempo real. Se supone que todo ocurre en los setenta y siete minutos que dura la proyección.
La soga nos narra, entre terror, suspense, incertidumbre y mentiras, el asesinato de David a manos de sus compañeros de Universidad Brandon y Phillip, con el único propósito de demostrar su superioridad intelectual, en base a las teorías del superhombre de Nietzsche, y que, en principio, se supone que comparte su querido profesor Cadell.
Los audaces asesinos acaban con la vida del joven con una soga. Minutos más tarde, reciben en el lujoso apartamento de Brandon al padre de la víctima, a su novia, al antiguo ex de ésta y mejor amigo del difunto, a la tía del asesinado, que ocupa el lugar de su madre indispuesta, y al profesor Rupert Cadell. La disculpa de esta reunión, con merienda incluida, es mostrar al padre de David y al profesor varios libros muy valiosos del anfitrión.
Para que la situación sea más macabra e inquietante, los asesinos disponen la merienda sobre el arcón donde han escondido a la víctima y que, en varias ocasiones, la empleada de hogar intenta abrir. Todo transcurre con normalidad, a pesar de la preocupación por la ausencia inexplicable de David. La reunión acaba y los invitados se van. Sin embargo, minutos después regresa el profesor, que sospecha que algo grave le ha ocurrido a David.
El director de la película juega con nosotros y logra que estemos angustiados, en tensión y que suframos, esperando el momento en que se descubra el cadáver para que los criminales sean desenmascarados. También juega Hitchcock con la sexualidad de los dos asesinos, atreviéndose, en una época en que la homosexualidad era tabú, a plantearla.
En
resumen, La soga es una obra maestra que todos deberíamos ver y disfrutar.







