Paseando por el mundo: Los buquinistas del Sena

Los buquinistas del Sena

Para cualquier amante de los libros y la lectura es imperdonable visitar París y no acercarse hasta las orillas del Sena para visitar los kioskos de los buquinistas (bouquiniste en francés), o vendedores de libros viejos o de ocasión. Esta tradición comenzó en el siglo XVI y, desde entonces, el Ayuntamiento de la ciudad los ha apoyado y regulado su funcionamiento.



Los doscientos buquinistas que hay en la actualidad se reparten en las dos márgenes del río Sena, en un espacio aproximado de tres kilómetros. En la margen derecha, desde el Pont Marie hasta el Muelle del Louvre y, en la orilla izquierda, desde el Quai (muelle en francés) de la Tournelle al de Voltaire.



No hay que olvidar que las dos orillas de este río parisino están consideradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por la cantidad de obras artísticas que acogen. Algunas tan significativas como, en la Isla de San Luis, Notre Dame, la Conciergerie, la Santa Capilla y el Mercado de Flores. En el muelle de la derecha el Hótel de Ville, El Museo del Louvre, los Jardines de las Tullerias y la Plaza de la Concordía. Por su parte, en el muelle de la izquierda nos encontramos con el Museo Orsay, la Asamblea Nacional, Los Inválidos, la Torre Eiffel y el Campo de Marte.



Todos los puestos de venta de los buquinistas, cajas de madera verde que se abren y se cierran, están sujetos a unas medidas obligatorias, que son 2 metros de longitud, 75 centímetros de ancho y una altura de sesenta centímetros en el lado del Sena y de 35 centímetros en el lado de la orilla. Cuando permanecen abiertas, éstas no pueden superar los 2 metros 10 centímetros.



Con la llegada máxima de turistas a París y con el avance de las tecnologías que sustituyen al libro tradicional, como son los móviles, tabletas, ordenadores o lectores de libros electrónicos, los buquinistas se han visto obligados a reorientar sus negocios, siempre bajo la atenta mirada y control de las autoridades locales. Por estos dos motivos, hoy les está permitido la venta de objetos de recuerdo o souvenirs, junto con sellos, carteles, mapas, láminas y pinturas, siempre que respeten la norma de tres libros por cada producto diferente.



Vinculados a estos puestos de venta de libros se ofertan talleres de lectura, de expresión oral, de escritura, de dibujo o de encuadernación. No hay que olvidar que los buquinistas son expertos y profesionales libreros, que deben superar una serie que conocimientos y de requisitos para poder acceder a uno de estos puestos.



Estos kioskos o cajas que aparecieron por primera vez en 1859, abren a las once y media de la mañana y cierran a la caída del sol. Sin embargo, este horario varía dependiendo de las inclemencias del tiempo, ya que, cuando llueve con intensidad y están abiertos, se pueden estropear las mercancías, y también porque la climatología adversa impide la llegada de potenciales compradores.


En zapatillas o en zapatos hemos vuelto a pasear por las orillas del Sena, recreándonos en la búsqueda de pequeñas joyas a precios económicos, y admirando los distintos puestos de venta, que compiten en vistosidad y profesionalidad.

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