Jardinería: El roble

El roble

No se entendería el paisaje del Norte de España sin el roble, ese majestuoso árbol de hoja caduca, que cubre grandes extensiones de terreno formando tupidos bosques. Posee numerosas denominaciones según los distintos lugares. Entre otros nombres populares, es conocido como cagiga, roble, albar, rebolla, carballo, carbayu y caxigo. 




En zapatillas o en zapatos vamos a conocer un poco más de este árbol, que, por fortuna, tiene aún amplia presencia en muchas regiones europeas, evitando que la calidad medioambiental no se deteriore más rápidamente de lo que ya lo hace.




El Quercus robur y el Quercus petraea son las variedades de roble más extendidas en Cantabria, región en la que llegan a forma impresionantes robledales como el de Hijedo o el de Ucieda. Su distribución geográfica es atlántica; de ahí, que esté tan extendido en el Norte de España. Ha sido tradicionalmente el árbol típico de los bosques cantábricos, sustituido por la encima en los suelos rocosos y por el haya en las zonas más elevadas




Este árbol posee innumerables connotaciones simbólicas, mitológicas, folclóricas, religiosas, mágicas, festivas y populares, hasta el punto de que se dice que la madera de roble fue utilizada para la construcción del Arca de Noé. Por su parte, los griegos consagraban robles en honor de Zeus y los romanos los plantaban para honrar a Júpiter.




Para muchos pueblos europeos, el roble es el árbol sagrado, en torno al cual los druidas preparaban sus pociones. Este carácter mágico y religioso es el motivo por el que se celebraban muchos concejos o reuniones de pueblos bajo su sombra y protección. Además, tradicionalmente ha sido considerado como “un árbol de mayo”, ya que se bailaba alrededor del tronco para festejar la llegada de la primavera y la nueva floración de la Naturaleza. 




El roble es un árbol vigoroso, de madera dura, muy apreciada para los trabajos de ebanistería, tonelería y construcción, tanto terrestre como naval. El tronco, cuya corteza es agrietada y de un color grisáceo, es corto pero grueso, pudiendo alcanzar el árbol hasta los cuarenta metros de altura.




Sus hojas son grandes y alargadas, entre siete y catorce centímetros, de un color verde intenso, que se vuelve rojizo en el otoño, poco antes de caer. Sus lóbulos son irregulares y redondeados. Su fruto, la bellota, es pequeña, alargada y muy apreciada por las ardillas y los ratones.




Personalmente estoy muy ligada al roble, no en vano a los ovetenses se nos conoce cariñosamente como carbayones, por los inmensos y viejos robles existentes en la calle principal de Oviedo. El último de éstos fue talado en 1879 por decisión del concejo, a causa de una enfermedad.


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