Aficiones y pasatiempos: Mis pequeños tesoros (III)
Mis pequeños tesoros (III)
Empezamos En zapatillas o en zapatos hoy el recuento de mis pequeños tesoros con uno de los regalos más originales que hemos recibido a lo largo de los años. Este precioso reloj, en forma de árbol, es una artesanía de piedra fósil marroquí, fabricado de una sola pieza. Siempre que puedo presumo de su originalidad, autenticidad y personalidad.
Por su parte, la máscara de teatro griega la adquirimos en Atenas hace unos años. Y lo hicimos el primer día de un viaje por varios países. Con lo cual, pese a su gran peso y fragilidad, recorrió dentro de nuestra maleta muchos kilómetros, con la preocupación constante de que no se nos rompiera.
La atractiva cantimplora de bronce es un regalo traído de Marruecos. Me encanta su color, el contraste de materiales y su diseño. El mismo día de recibirla, la colgamos en el rincón de una pared, que parecía que la estaba esperando.
La Befana es una bruja buena, típica de amplías zonas de Italia. Su nombre deriva de la palabra Epifanía. En la noche del cinco al seis de enero, como los Reyes Magos, llega a los hogares y pone dentro de los calcetines de los niños caramelos o carbón, en función del comportamiento de éstos a lo largo del año. Ha viajado con su escoba desde Roma, donde la compró una buena amiga para regalármela.
Otra buena amiga me obsequió con esta talla de mujer africana, que me encanta por su elegancia y serenidad. Situada en un lugar de paso, ha sufrido absurdas y aparatosos caídas de las que has salido indemne. Con lo cual, creemos que tiene siete vidas como los gatos.
El buho de enormes ojos, fabricado en barro, es en realidad una campanilla. Fue un regalo lleno de buenas intenciones, ya que venia con la leyenda de ser portador y presagio de un prometedor futuro lleno de agradables sorpresas. Afortunadamente, cumplió a la perfección el encargo.
Con el nombre de madreña se denomina en Asturias al calzado de madera hecho de una pieza, con un tacón en la parte posterior y dos en la anterior. Sirve para protegerse del frío, del agua y de la nieve. Dentro de este tipo de zueco, se calzaban los zapatos, las alpargatas o las zapatillas. Modelos muy parecidos a las madreñas los hay en todas las regiones del Norte de España y en amplias zonas de Europa, conocidos en cada lugar por denominaciones diferentes.
Con tenacidad, y a pesar de mis torpes manos, pinté el portapapel, la corchera y el especiero doble. Y como en otras manualidades, he utilizado como únicos colores el verde y el rojo. Por fortuna, a pesar de su poco valor artístico, estos artilugios cumplen su papel.
Acabamos la nómina de mis pequeños tesoros con este vistoso coche azul. Cuando lo vi en la estantería de una tienda me gustó tanto, que sin pensarlo dos veces, lo compré. Es una réplica perfecta de los taxis de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Está fabricado en metal y presenta los golpes y las magulladuras propias de un vehículo en uso de estas características.









