Aficiones y pasatiempos: Mis pequeños tesoros (II)
Mis pequeños tesoros (II)





En zapatillas o en zapatos presentamos la segunda entrada de Mis pequeños tesoros. Tesoros que para la inmensa mayoría de los lectores son simples objetos carentes de significado o valor.
Sin embargo, para mí representan mucho. Su presencia está ligada a momentos inolvidables y a sentimientos profundos. Evidentemente, todos podemos prescindir de las cosas materiales pero, es verdad, que la vinculación que sentimos hacia algunas de ellas supera lo material para convertirse en espiritual.
El muñeco y la mano articulados de madera son similares a otros millones, pero me resultan únicos y encantadores porque llegaron a mis manos en días muy especiales. Me entretiene cambiarles de posición para lograr posturas difíciles y forzadas.


La cerámica del balcón fue adquirida en Córdoba y me cautivó desde el primer momento. Tanto es así que he intentado, inútilmente, conseguir otra compañera sin éxito. La fachada artesana tiene un valor personal muy especial. Se la compré a un joven historiador, que compaginaba su ciencia con la artesanía y que, desgraciadamente, falleció poco después.

El muñeco de Papá Noel fue un regalo de cumpleaños, de un lejano ya mes de diciembre. Lo había visto en un centro comercial y me había encantado. Desde ese día, tiene su propio rincón todo el año. Únicamente, en el mes de diciembre cambia de ubicación para cumplir el papel de objeto decorativo navideño.
El caso del especiero es completamente diferente. Posee una función fundamental de soporte. Su decoración es fruto de mi torpeza artística. Lo adquirí en una tienda de manualidades y lo pinté con los colores del calendario y la corchera, que vimos en la entrada del 14 de marzo de 2019. A pesar de haber cumplido ya la friolera de veinte años, se conserva en buen estado.
El plato de Sargadelos, que utilizamos a modo de vacía bolsillos, es una reliquia familiar, que llegó a mis manos de rebote y por casualidad el año que me independicé. Desde ese momento, nos ha seguido de casa en casa como la pieza querida que es.
Finalizo este pequeño inventario con un vistoso y alegre reloj, regalo de unos viejos conocidos, que me apreciaron tanto como yo los apreciaba. Él cronometra los pasos de nuestras vidas, que avanzan sin tregua y sin la posibilidad de poder dar marcha atrás.



