Nuestras mascotas: La "perra vida" de Moka

La "perra vida" de Moka

Hoy quiero haceros partícipes de la relación y del vínculo que existe entre mi mascota y yo. Afortunadamente, su perra vida no tiene nada que ver con la definición de vida llena de sufrimientos y de infortunios. Ella es una privilegiada, porque su existencia es infinitamente mejor que la de millones de niños en el mundo y muy alejada del sufrimiento que acompaña a miles de mascotas abandonas o maltratadas.



Quienes seguís el blog En zapatillas o en zapatos de forma regular conocéis a Moka, la mascota caniche toy, que tantas y tantas alegrías nos da cada día. Lo cierto es que ella llegó a nuestras vidas gracias a una de mis hijas. Tras veintiún años suplicando por un perro, le concedimos el 14 de febrero de 2015 tal deseo, convencidos de que muy pronto ella abandonaría junto con la mascota el hogar para volar sola. Nuestra otra hija hacía tiempo que vivía independiente



Hasta ese momento, nada sabíamos ni de perros ni de otro tipo de mascotas. Personalmente les tenía un miedo atroz y no era extraño que yo cruzara de calle, cuando veía que un perro se aproximaba. Sin embargo, toda la familia, de una forma o de otra, nos preparamos durante varios meses para recibir al nuevo miembro.


Maniática de la limpieza, del orden y de los olores, necesité terapia de grupo (familia, amigos y conocidos) para convencerme de que nuestra casa no se transformaría en un lugar descuidado, destrozado, sucio y maloliente por la llegada de un perro. Estaba segura de que llegaría a quererla mucho pero que mantendría las distancias.


Todos nuestros miedos desaparecieron el mismo día que irrumpió en nuestras vidas. El sábado 20 de junio, un cachorro de poco más de dos meses me ganó el corazón, como a todos, a pesar de que mi relación con ella, a causa de sus pises y sus cacas, era difícil. De esto bien puede hablar mi hija, que tuvo que soportar mis reproches, mientras se hacía cargo de enseñarle a hacer sus necesidades en los lugares adecuados.



Un mes más tarde de su llegada, Moka era ya dueña nuestra y de la casa. Gracias a la experiencia y a los sabios consejos del veterinario, aprendimos a conocerla y a actuar con la perrita de la forma más correcta posible. Ya no podíamos vivir sin ella. 


Afirmo rotundamente que Moka juega muchísimo, anda por toda la casa, curiosea, corre y salta, pero que en estos años no ha destrozado absolutamente nada. Ni siquiera ha roto un solo juguete suyo. Jamás ha tocado algo que no le pertenezca. Conoce sus juguetes y sus pertenencias y sabe lo que puede coger.


Con sencillos hábitos saludables, como limpiarla cada vez que viene de la calle, cepillarle los dientes y peinarla diariamente, bañarla a menudo, y lavarle la cama cada semana, conseguimos que nuestro hogar huela como antes. Y, desde luego, la casa sigue tan limpia y ordenada como siempre.



Nuestra hija se independizó, pero la “tercera niña”, como me gusta llamarla, se ha quedado. A menudo, nos preguntamos si nuestras hijas e hijos vienen a visitarnos y a dormir en casa por nosotros o por Moka. Por descontado, que sabemos la respuesta: por Moka.

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