Navidad: La Navidad llama a la puerta
La Navidad llama a la puerta
La Navidad llama a nuestras puertas. Para alegría de unos y desazón de otros, las luces, los adornos, las compras, las comidas y cenas de amigos y compañeros, los buenos deseos y la publicidad que los medios de comunicación nos ofrecen de productos para comer o para regalar han llegado para quedarse.
En zapatillas o en zapatos nos encanta el periodo navideño, a pesar de saber de antemano que nuestros bolsillos quedarán vacíos y que los excesos en el comer harán pequeños estragos.
Son las puertas principales de nuestras casas las que avisan a propios y extraños de que la Navidad y toda su parafernalia han irrumpido en nuestro hogar. De la misma forma que las calles y los comercios anuncian que es época de Navidad, nuestros hogares avisan que ésta ya marca nuestras vidas.
En estas fechas en las que nos sentimos creativos y decoramos nuestras casas como mejor sabemos, elegir la pieza que nos represente en el exterior de nuestro hogar es importante. Sin duda alguna, nuestra puerta anticipa la ornamentación que preside el interior.
Tradicionalmente, eran las coronas de muérdago o de siempreverdes las que adornaban las puertas de las casas. El muérdago, muy ligado a la mitología celta, es una planta parásita que vive en los pinos y en los robles, y a la que se le han otorgado múltiples propiedades medicinales.
En la Roma clásica, durante las celebraciones de inicio de año, entre el 31 de diciembre y el 4 de enero, existía la costumbre de intercambiar regalos, entre los que destacaban las hojas de siempreverdes, portadoras de buenos augurios para el año nuevo. Estas hojas se engarzaban en aros o en coronas para darles mejor aspecto y brillantez, y se colocaban en las puertas principales de las viviendas.
El
mundo cristiano transformó estas coronas o guirnaldas verdes, sin principio ni
fin, en el símbolo de la eternidad de Dios, y las siguió colgado de las
puertas de las iglesias y de las casas. El follaje verde está relacionado con
la esperanza de vida, que se renueva con el nuevo año.

En
la actualidad, la guirnalda, casi siempre artificial, comparte el espacio de
las puertas principales con otros objetos y símbolos navideños como son: Papá
Noel, el reno, la estrella, las bolas, los muñecos de nieve, etc.

La
Navidad es un periodo de ilusión pero también de nostalgia, en la que el pasado
y los seres que nos dejaron cobran mayor presencia. De ahí, que la mayoría de
nosotros sintamos en estas fechas una reacción nostálgica que nos lleva hasta
la niñez. Son días en los que fluyen sentimientos que se mezclan con hábitos,
costumbres y tradiciones, tanto familiares como sociales. Los rituales de
Navidad han pasado y siguen pasando de padres a hijos.






