Decoración: La Navidad o el arte de transformar lo corriente en extraordinario
La Navidad o el arte de transformar lo corriente en extraordinario
La Navidad se acerca y es el momento de preparar nuestros hogares para recibir a familiares y amigos. Para muchas personas estos días no son alegres ni agradables, bien porque el ayer pesa más que el hoy o, simplemente, porque consideran este periodo como hipócrita, consumista y artificial.
Sin duda alguna, los enemigos de la Navidad tienen por delante unas semanas duras. Para el resto, bien por tradición, por creencias o, simplemente, porque sí, nos esperan días fantásticos, en los que la monotonía y la rutina desaparecen.
Es época de excesos, tanto en comida, como en bebida, decoración o compras. Para evitarlos debemos contenernos y recordar que en el término medio está la virtud. Respetar esa línea es bueno.
Nos costaría trabajo entender la Navidad sin una puesta en marcha de nuestras casas. Quien más o quien menos intenta embellecer su hogar para disfrute propio o ajeno. Decorar en Navidad no debe suponer nuevos ni grandes gastos. Es verdad que es imprescindible partir de un mínimo de objetos. Cada año podemos renovar la decoración con algún detalle.
El arte de la decoración navideña consiste en cambiar y combinar de forma distinta los adornos que tenemos. En zapatillas o en zapatos siempre os recordamos que menos es más. Es decir, importa más que la cantidad conseguir espacios armoniosos, en los que cada objeto forme parte del conjunto.
El árbol de Navidad y el Belén siguen siendo los ejes sobre los que gira la decoración navideña. El árbol puede renacer cada año, simplemente, cambiándolo de sitio o alterando su decoración. El montaje del Belén es más clásico, pero siempre podemos darle un nuevo aire, jugando con el fondo o con la distribución de las luces.
No importa que vivamos solos o en compañía; un pequeño rincón decorado con elementos navideños es una satisfacción personal a la que no debemos renunciar. La Navidad tiene el privilegio de transformar lo corriente en extraordinario.
Algunos de los adornos nos acompañan desde hace décadas, otros se han ido incorporando a lo largo de los años. Una de las novedades de los últimos años, que resulta vistosas y elegante, consiste en envolver con bonitos papeles cajas vacías para colocar a los pies del árbol. Un pueblo de casas nevadas, un gigantesco muñeco de nieve cargado de bonitas bolsas, decoradas con motivos navideños, y un reno de madera esquiador con gorro de lana y pompón alegran, dan vida y crean navideños escenarios.
Cualquier rincón es idóneo para incorporar un pequeño detalle. Para convertir dos aparadores en un escaparate navideño, ha sido necesario colgar un lazo rojo del marco de un cuadro, instalar pequeños muñecos en los tiradores, incorporar al tiesto del poto una minúscula flor de pascua, y crear un centro navideños sobre la pieza de cerámica artesana. Pequeños detalles como las velas, el candelabro o el Papá Noel en trineo, o el simpático reno, completan la decoración.
No hay adorno más hermoso que una planta. Por ese motivo, agrupar cualquier detalle con una planta crea una atmósfera mágica y única. Las lazadas rojas, las casitas y el adorno navideño clavado en el tiesto son el complemento ideal de las siemprevivas, de la paniculata, de la vieja flor de Pascua y de la cinta.
Dos humildes velas introducidas en sendos tarros de cristal, decorados con lazos de cuerda y una estrella resultan perfectas como adornos. La bandeja que preside todo el año una de las mesas del salón y que acoge cada día las gafas, los libros, los lapiceros, la cena o la merienda, se ha vestido de gala y parece recién salida de una elegante tienda de regalos.


















