Paseando por el mundo: Callejeando por Londres (I)
Callejeando por Londres (I)
En zapatillas o en zapatos vamos a callejear por las calles londinenses, deteniéndonos en sus gentes y en los pequeños detalles que la visten. Todas las ciudades tienen multitud de tópicos que responden, en mayor o en menor medida, a la realidad. En el caso de la capital de Inglaterra, esos tópicos son tan populares y emblemáticos que resultan inseparables de la propia idiosincrasia de la urbe.
Caminar es sano, gratificante, gratis y divertido. Hacerlo en Londres resulta sorprendente. Por muchas veces que se visite la ciudad, siempre nos espera un nuevo descubrimiento. A pesar de ser una metrópoli de más de ocho millones de habitantes, es una ciudad para recorrer a pie.
Ciudad vital, multirracial, moderna, colorista y rica se nos muestra como un anuncio radiante que nos invita a consumirla. Callejear en Londres en encontrarse con lujosos comercios, pequeñas callejuelas, casas señoriales, plazas, estatuas, teatros, jardines, mercadillos, lujosos coches, pintorescas motocicletas, etc. Tan pronto paseamos por anchas y largas avenidas como por estrechas y tranquilas calles. Los espectáculos callejeros nos sorprenden en cada esquina, siendo imposible no detenerse a admirar el arte de unos y de otros.
Las nubes, el sol, el agua, el viento, la humedad y la niebla son elementos más del paisaje londinense, que juegan con nosotros cada día. En un instante nos cubrimos la cabeza para evitar los rayos del sol y minutos más tarde nos ponemos el chubasquero y sacamos el paraguas.
El encanto de Londres enamora a propios y a extraños. Tantas veces hemos sido testigos de su fisonomía y de sus secretos en las películas o en las series de televisión, que cada rincón es un poco nuestro. Callejear por esos lugares es reencontrarse con un viejo y querido amigo que nos espera alegre.
Las tumultuosas y concurridas calles, plazas y demás espacios públicos nos invitan al anonimato y nos desinhiben, permitiéndonos un comportamiento más espontáneo y natural que el que habitualmente mostramos. Pasear por Londres es tropezar con un crisol de razas y de culturas. Gentes de todos los colores tienen cabida, sin desentonar ni llamar la atención.
La capital del antiguo imperio británico posee un conjunto de bellos e importantes monumentos conocidos en el mundo entero. Pero aún más importantes que éstos son los iconos de la ciudad que se han exportado como Trafalgar Square, el Támesis, el reloj del Parlamento, los autobuses de dos pisos, o las cabinas rojas.
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