Paseando por el mundo: Un cementerio de aldea

Un cementerio de aldea

Hasta hace pocos años, los cementerios eran los únicos lugares de encuentro con el ser amado ausente, cuyos restos el Camposanto custodiaba. Allí reposaban nuestros mayores y ese espacio era nuestra vinculación con el más allá.



Los numerosos cambios ideológicos, la globalización de la cultura, la falta de espacios y el ahorro económico han acarreado el éxito de las incineraciones. Ahora nuestros muertos se funden con la naturaleza, en el mar, en el río, en el bosque, en el patio trasero del adosado o en un cruce de la carretera, cuando sus cenizas no reposan directamente en la vitrina del salón o en un arcón del garaje, a la espera de localizar un sitio mejor. Algunas urnas terminan ocupando los viejos nichos familiares, a modo de realquilados.


Afortunadamente, la naturaleza humana es tan sabía que no necesita de espacios físicos para fundir a los vivos con sus muertos más amados. Éstos se mantienen vivos en nuestros corazones, por más que pasen los años. Ocupan a diario nuestro pensamiento, nos hacen notar su presencia y, en nuestros momentos malos, su recuerdo nos alienta.


Numerosas religiones, culturas y pueblos han honrado, y aun honran, en el otoño, en el lluvioso y, para muchos triste mes de noviembre, a sus muertos. Una de las manifestaciones de este homenaje tan tradicional consiste en acudir al cementerio a visitar a los difuntos, portando adornos florales.



De esta forma, las sepulturas se engalanan, buscando alegría, sonido y colorido en un lugar sinónimo de tristeza, silencio y oscuridad. Es un día de encuentros de familiares, de vecinos y de conocidos, en los que se transforman el susurro y la soledad del resto del año en las voces y las risas de los asistentes.


En la actualidad, esta práctica se encuentra en desuso por las nuevas formas de vida y por la propia actuación de la jerarquía eclesiástica que, a falta de personal para atender a los fieles en estos días, opta por reducir, anular o cambiar de día y de hora las ceremonias religiosas ligadas a estos ritos.

En zapatillas o en zapatos os presentamos un sencillo cementerio de aldea engalanado para la ocasión como símbolo de una época y una costumbre en franco retroceso.

Entradas populares de este blog

Paseando por el mundo: Escenas de la Semana Santa de Valladolid

Paseando por el mundo: El Nordiska Museet

Libros y lecturas: 1000 Símbolos. Lo que significan las formas en el arte y en el mito