Paseando por el mundo: Atenas vista desde la Acrópolis

Atenas vista desde la Acrópolis
Estaba preparada para ver los majestuosos edificios que se escondían tras la puerta de los Propileos de la Acrópolis de Atenas. Era consciente del impacto visual de los inmortales monumentos que me esperaban porque formaban ya parte de mi vida. Los descubrí en los libros en mi niñez, los estudié en la adolescencia, los amé en la  juventud y los idealicé en la madurez. Ansiaba entrar en la Acrópolis para admirar con mis propios ojos las joyas arqueológicas que tantas veces había visto a través de otros.

Atenas, la capital de Grecia, es la ciudad más importante y populosa del país. La población del municipio roza los setecientos mil habitantes, pero el área metropolitana alberga a tres millones ochocientos mil ciudadanos. Es el centro neurálgico de la vida económica, cultural, social y política de Grecia.

La urbe, con un pasado histórico que supera los tres mil años, ha ejercido una enorme influencia sobre el desarrollo de la cultura occidental. La gran riqueza monumental de la ciudad  la convierte en un atractivo destino para millones de visitantes de todo el mundo. En la cima del monte sagrado, la Acrópolis vigila, desde una posición privilegiada, el paso de los siglos.

En ella se reúnen los símbolos de la época de mayor esplendor de la antigua Grecia. La Acrópolis ganó su inmortalidad de la mano de Pericles, el Gobernador de Atenas entre los años 461 y 429 antes de Cristo. El Partenón, el Ágora, el Templo de Erecteion, el Templo de Atenea Niké, o el Odeón de Herodes Ático son algunos de los testigos de ese impresionante pasado.

Sin embargo, para lo que no estaba preparada era para la visión panorámica que de la ciudad de Atenas me ofrecía la Acrópolis. Vista desde allí, en un hermoso día soleado y caluroso, la silueta de la ciudad y de su área metropolitana me impactó por su gran extensión y por la homogénea paleta de colores: marrón, gris, verde y azul.

La Acrópolis, o ciudad alta, de Atenas es la más famosa, conocida y admirada de las griegas. Situada sobre una colina, que se alza a 156 metros sobre el nivel del mar, desde ella divisamos la enorme área metropolitana con sus casas apiladas, mayormente de poca altura, que se extienden hasta fusionarse con el mar o el horizonte. La Colina de Filopapos y el Monte Licabeto ponen la gran nota de color verde.

Las vistas que se contemplan desde cualquier ángulo de la Acrópolis son magníficas e impresionantes. Esta visión resulta el complemento ideal a la belleza del recinto de los dioses, en el que se fusionan, en perfecta armonía y hermosura, la mitología, la arqueología y la historia.

En
zapatillas o en zapatos

hemos conseguido hacer realidad nuestro sueño de visitar la imponente Acrópolis.

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