Aficiones y pasatiempos: Relojes de pared o de mesa

Relojes de pared o de mesa
A menudo, las colecciones no son más que un conjunto de objetos similares, bien por definición, o por el material de fabricación, o por la estética que representan, o por la finalidad que cumplen, que se reúnen por su propia utilidad o, simplemente, por la casualidad. En este caso, el primer objeto llega casi siempre a nuestras manos para cumplir una función.  A éste le sigue otro, y otro, y así sucesivamente.

Hoy En zapatillas o en zapatos mostramos mi falsa colección de relojes de pared o de mesa, que es el fruto de adquirir o de recibir, a lo largo de muchos años, un reloj con el único fin de colgarlo en alguna pared, o de instalarlo en un rincón de la casa, para consultar la hora levantando la vista.

Como la mayoría de las personas, soy esclava del reloj que marca cada minuto de mi vida. Escasa de tiempo, necesito en todo momento conocer la hora para controlar lo que debo o no debo hacer. Además, metódica como soy, dejo muy poco al azar. De ahí, que me guste tener a mi alcance siempre un reloj.

Lo lógico sería conformarme con mi reloj de pulsera, pero no es así. Éste lo utilizo fuera de casa, pero dentro de ella apenas lo consulto, ya que me rijo, sin ninguna explicación razonada, por los relojes que hay en las diferentes habitaciones. El resultado es este grupo heterogéneo, de procedencia, calidad y estética, muy diversas.


Varios de ellos llevan en la familia más de una generación y son ya parte de nuestra historia. Otros son viejos recuerdos que no queremos olvidar, mientras que algunos son preciados regalos que llegaron en fechas señaladas, y unos cuantos fueron elegidos entre muchos por su propia belleza.

En los últimos años ha crecido el número de coleccionistas de relojes de mano o de bolsillo, en parte por el afán de poseer pequeñas joyas de tiempos pasados o presentes, y en parte como una pequeña inversión. Y es que los relojes de antes, y el antes puede ser de hace dos años, nada tienen que ver con los que hoy los jóvenes, y los no tan jóvenes, lucen en sus muñecas.

Los relojes de última generación, que deben luchar contra el móvil, son máquinas cuasi perfectas que no solamente nos dicen la hora de nuestro país, sino que nos dan la de otras latitudes, a la vez que nos señalan las pulsaciones, las calorías que hemos perdido o los pasos que hemos caminado.

Ante la competencia de estos súper relojes y móviles, poco o nada puede hacer el tradicional reloj de mano y el de pared, que ocupan en la actualidad un papel meramente estético o testimonial. Cada vez es mayor la dicotomía entre modernidad y reloj de pared.


Estos relojes, como los de todos vosotros, han atrapado entre sus agujas muchos instantes de nuestros vidas. Nos han acompañado en los días felices y en los tristes, y en aquéllos en los que parecía que el tiempo no se movía. Siempre hay esperanza al lado de un reloj; nuestra suerte puede mejorar dentro de un minuto, de dos, de tres hora o la próxima semana.

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