Paseando por el mundo: La Sirenita (Copenhague)


La Sirenita (Copenhague)

El escultor danés Edvard Eriksen (1876/1959) es el autor de la escultura de la Sirenita, situada sobre unas rocas a orillas del mar, en la bahía que desemboca en el mar Báltico. La obra surgió como consecuencia del encargo que, Carl Jacobsen (1842/1914) dueño de la fábrica de cervezas Carlsberg, le hizo para homenajear a la sirenita, personaje de la tradición popular, que Hans Christian Andersen (1805/1875) recogió en su cuento La sirenita. La familia la cedió a la ciudad de Copenhague y se instaló, en 1913, en el Parque Langelinie, junto al puerto.



La escultura debía ser una réplica de la bailarina Ellen Price (1878/1968), que había asombrado al mecenas de la obra, cuando la vio bailar en el papel de la sirenita, en una adaptación del célebre cuento. Ante la negativa de la bailarina a posar desnuda, el escultor recurrió a su propia esposa. De esta forma, el cuerpo de la sirena es el de la mujer del artista pero la cabeza y el rostro son los de la bailarina.



La obra representa los cantos de la sirena que embrujaban a los marineros. Un pescador se enamora de la sirena y ésta le corresponde. Para poder ver a su amado, ella renuncia a su condición de inmortal y adopta el aspecto de mujer. Todas las mañanas la joven nada hasta la superficie y espera sobre una roca, confiando en ver a su amor.



La estatua de bronce, que se alza sobre una roca de granito, mide un metro y veinticinco centímetros y pesa ciento ochenta kilos. Sin embargo, al verla de cerca, no parece tan grande porque contrasta su tamaño con la inmensidad del mar y con los enormes buques y transbordadores, que pasan por la bahía.



Cuando se ve por primera vez la lánguida y triste Sirenita, decepciona un poco porque, a pesar de ser bonito el parque donde se encuentra, el marco del fondo no es nada encantador. Los barcos que transitan sin parar, los aerogeneradores y las dependencias del puerto que se ven en el otro lado de la bahía enturbian el paisaje, sin contar con la aglomeración de turistas que rodean la pequeña estatua para fotografiarla y tocarla.


La Sirenita es el símbolo de la ciudad y el monumento más visitado y fotografiado de Dinamarca, ya que atrae cada año a miles de turistas. En sus más de cien años de vida, ha sobrevivido a múltiples ataques de locos y vándalos. Ha sido decapitada en dos ocasiones, le arrebataron un brazo y la arrancaron de la roca, sin contar las veces en que ha sido vejada, vistiéndola o arrojándole pintura.


En zapatillas o en zapatos os animamos a conocer esta pequeña maravilla, que sorprende por muchos motivos y que se encuentra en Copenhague, una ciudad con mucha personalidad.


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