Decoración: Cambio de imagen de un viejo mueble castellano


Cambio de imagen de un viejo mueble castellano

Tras ser defenestrado y desahuciado por sus antiguos propietarios, el viejo mueble castellano llegó a nuestra manos hace ya más de tres décadas. Somos, por lo tanto, viejos compañeros de viaje. Él y un hermano muy similar, iniciaron a nuestro lado un largo viaje con múltiples paradas. Juntos sufrimos seis mudanzas, teniendo el honor y la capacidad de adecuarse ambos a cualquier espacio, bien individualmente o en pareja. Fue el aparador del comedor, la alacena de la cocina, el armario de la ropa blanca del vestíbulo, el mueble de los juguetes de la habitación infantil, la librería de un pequeño distribuidor, para finalmente, regresar nuevamente a la cocina. 




El paso del tiempo y las distintas actividades desarrolladas dejaron su impronta en el mueble. Pero todo ello no era tan sobresaliente ni tan significativo como su aspecto envejecido, triste y feo, muy distinto a lo que demandan los cánones actuales de la decoración. Se había hecho viejo y pesado, a pesar de seguir cumpliendo a la perfección con la tarea asignada y de verlo la familia como algo querido y especial. En este caso, el cariño que sentíamos por el mueble era muy superior a su calidad.




Ante mis continuas amenazas de cambiarlo por otro mueble más actual y de mejores materiales, mi marido y mis hijas lo defendían con pasión y se negaban a darme su consentimiento. Ante semejante oposición, no me quedó más remedio que darle otra oportunidad. Decidí lavarle la cara para adaptar su figura y su aspecto al siglo XXI. Su hermano ya había sufrido una importante mutación años antes. En aquel caso, yo fui la artífice personal de su nuevo aspecto. En esta ocasión, sin embargo, necesitaba la ayuda profesional porque quería cambiar la estructura externa del mueble. Por suerte, contaba con la ayuda de un gran profesional, como es Fernando el ebanista.




La metamorfosis, como podéis comprobar en las fotografías, ha sido total. Transformamos la puerta superior ciega, en una con cristales. De esta forma, el mueble ha perdido volumen y ha ganado en vistosidad. Las viejas cerraduras se han cambiado por un sistema de imanes. También hemos renovado los tiradores, sustituyéndolos por unos metalizados de concha, por los que llevaba tiempo suspirando.




No hay ninguna duda de que estrenamos mueble, tan útil como siempre, pero con un impacto visual muy diferente. Donde antes había oscuridad y cierta cutrez, ahora presumimos de belleza y de armonía. Su nuevo aspecto de alacena no envidia en nada a la más cara del mercado, con la diferencia de que la nuestra ha sido testigo de las alegrías y de las tristezas que han marcado nuestras vidas, siendo ella ya parte de la historia familiar.




En zapatillas o en zapatos, una vez mas, os animamos a cambiar y a transformar antes que a tirar. Para esto último, siempre hay tiempo. 





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