Aficiones y pasatiempos: La pasión de leer
La bibliofilia es el amor por los
libros, sobre todo por los valiosos, raros y curiosos. Se define como bibliófilo al sujeto que practica la bibliofilia. El
bibliófilo es, por tanto, un coleccionista de libros. Para ello debe buscar el
libro deseado, localizarlo, adquirirlo, organizarlo, exhibirlo, almacenarlo y
conservarlo para su propio disfrute, aunque haga partícipe de su nuevo tesoro a
un reducido círculo de personas.
Esta afición por coleccionar
libros surge en los siglos XIV y XV, en el Renacimiento, una época en la que los
humanistas, los reyes y los poderosos se dedicaron a localizar y a rescatar
colecciones de manuscritos, de cartas, de incunables y de todo tipo de escritos
curiosos.
El bibliófilo, como cualquier
otro coleccionista, puede obsesionarse con los objetos de su colección, en este
caso los libros, y alcanzar la bibliomanía, que no es otra cosa que un trastorno
obsesivo-compulsivo, que consiste en acumular libros con el único fin de acaparar
y poseer.
No hay que confundir al
bibliófilo o coleccionista de libros con el aficionado y amante de la lectura, que reúne un número, más o menos considerable de libros, que son el resultado de
su pasión por la lectura. Son libros adquiridos sin condicionamientos, siguiendo pautas de preferencia o de interés.
Un libro puede ser valioso no por
la información que transmite, sino por el mismo acto de leerlo, de ejecutar
nuestra capacidad de leer. En los capítulos III del Ingenioso hidalgo Don Quijote de
la Mancha y en el LIX de la segunda parte aparece citada la célebre
frase No hay libro malo que no tenga algo
bueno. Sentencia que resume a la perfección la importancia y el valor tan
transcendental que tiene el libro.
Mi afición por la lectura surgió en
mi infancia de una forma natural. Seguramente porque tuve la inmensa fortuna de
que mis primeras lecturas fueran lo suficientemente estimulantes para animarme a
seguir leyendo. Desde entonces, esta afición no me ha abandonado y, a pesar de
disponer de poco tiempo y de realizar muchas otras actividades, siempre he
procurado leer en cualquier sitio, en cualquier circunstancia o condición. Las lecturas profesionales y las diferentes inquietudes lectoras de los miembros de mi familia ampliaron considerablemente nuestro patrimonio bibliográfico.
Leer no debe ser una obligación
ni una carga. Por el contrario, la lectura es una necesidad que nos permite ejercitar
nuestra mente, nos amplía los conocimientos, nos ayuda a evadirnos de nuestra
rutina, nos ofrece la posibilidad de sumergirnos en la
propia lectura, nos ayuda a conocernos y, sobre todo, nos hace más libres.
El libro ha de ser tratado con
respeto y con estima porque es un vehículo de información y de comunicación, un
objeto que transmite sentimientos y emociones, y no un simple bien material.
Afortunadamente, el libro ha sabido
adaptarse a los tiempos tecnológicos actuales y es igual de enriquecedor leer
en papel como hacerlo en el libro electrónico, el ordenador, la tableta o el móvil. Lo importante es leer; lo
secundario es el soporte, el cómo o el dónde. En zapatillas o en zapatos
os animamos a descubrir y a subiros al vehículo de la lectura que es el libro.























