Nuestras mascotas: Compañeras a su pesar
Compañeras a su pesar
Quien convive con un perro no deja de sorprenderse cada día de la cantidad de similitudes que hay entre su comportamiento y el humano. A menudo, ante los mismos estímulos ofrecen las mismas reacciones, y ante determinadas situaciones, sus conductas son completamente humanas.
Introducir una mascota en casa, entendiendo por tal vivir bajo el mismo techo, compartir el mismo espacio, convivir día y noche, y jugar y descansar juntos, es descubrir unos caracteres, unas aptitudes y unas respuestas en el animal tan cercanas a nosotros que previamente costaría creerlo. Un perro actúa y se comporta como lo haría un niño pequeño, que sigue las pautas marcadas por los mayores.
En zapatillas y en zapatos os queremos hablar de dos perros de pequeño tamaño, a los que, cariñosamente unos y despectivamente otros, denominan falderos. Moka, una caniche toy de dos años, y Nube, una yorkshire terrier de nueve meses, son las emperatrices de sus respectivas casas, donde reinan y gobiernan sin encontrar ningún obstáculo, ya que sus súbditos están hipnotizados por ellas. Los dueños de las dos están emparentados; es decir, las dos perras están unidas por lazos familiares.
Este último fin de semana, Nube, por imperiosa necesidad, tuvo que abandonar su casa y trasladarse al domicilio de Moka. La vivienda le era desconocida pero conocía perfectamente a los moradores. Después de superar el susto del ascensor, llegó a la vivienda activa como es ella y contenta de encontrarse con sus amigos humanos y de ver a su parienta y compañera de especie Moka.
Nube es una cachorra feliz, cariñosa, juguetona, alegre y amiga de todos los perros y las perras que encuentra a su paso. Está completamente integrada en los juegos “perrunos”. Por el contrario, Moka, tan feliz, cariñosa, alegre y un poco menos juguetona que su colega, no quiere saber nada de sus congéneres. Seguramente que por haberla mordido siendo cachorra un perro, ella se cree humana y tiene miedo a todos los perros, tengan 10 años o 2 meses, sean gigantes o enanos, sean machos o hembras. Pero lo peor de todo, es que cuando pasan a su lado, en lugar de callarse y mirar para otro lado, los ladra y se esconde detrás de alguno de nosotros, provocándolos con tal éxito que todos la responden con animadversión; así que estamos seguros de que grita muchas palabrotas en su idioma.
Cuando Moka vio llegar a Nube, no la ladró, ni la gruñó, ni se enfadó. Movió su pequeño rabo contenta y se alejó. A partir de ese momento, empezó un “juego” de acercamiento y de alejamiento entre las dos que no se acabó hasta que la invitada regresó a su casa. La anfitriona fue lo suficientemente desinteresada y generosa para cederle sus juguetes, sus camas, sus rincones más queridos, sus cuencos, su comida y hasta a sus amos.
Nube no se conformó con su generosidad ni con su indiferencia. Ella lo que realmente quería era jugar con su compañera como hace con todos los perros. Pero no lo consiguió porque Moka la gruñía siempre que entraba en su espacio vital e iniciaba el rito de tocarla y ladrarla para comenzar el juego de perseguirse. A pesar de no lograr cambiar la actitud de su compañera, Nube lo intentó sin descanso. Entre tantos gruñidos e intentos de jugar, las dos tuvieron sus más y sus menos, pero sin perder ninguna de ellas su compostura, su alegría y las ganas de jugar una y de alejarse de tanta intimidación la otra.
Las dos son compañeras a su pesar porque deben compartir, competir y relacionarse habitualmente. Lo más curioso del caso es que Moka se ponía triste cada vez que su amiga se alejaba, recibiéndola siempre con alegría. Nube, por su parte, se disgustó más de una vez al ver que su anfitriona no la dejaba, en algunos momentos, ni acercarse a su lado.
Cada raza tiene su propia personalidad y cada individuo otra más singular, que lo individualiza y le da su identidad. Afortunadamente, Moka y Nube son dos preciosas y encantadoras perritas lo suficientemente listas para saber comportarse y no traspasar nunca la línea que delimita lo que está bien de lo que no lo está, o lo que es recomendable por placentero o gratificante de lo que conduce al conflicto.
¡Ojalá supiéramos también los humanos, a pesar de nuestros miedos, ser generosos, respetar a los demás, compartir y no rebasar jamás la línea que delimita nuestros derechos de los derechos de los otros para convivir pacíficamente!









