Aficiones y pasatiempos: Patos de madera y de cerámica
Patos
de madera y de cerámica
Mi
modesta colección de patos empezó hace muchos años, cuando adquirí un pato
grande de madera policromada para adornar una mesa, al encapricharme de sus colores y de
su diseño. Días después, un amigo me explicó que el origen de mi pato estaba en
la caza, ya que, desde la época de los faraones se utilizaban patos, primero
vivos y luego figurados, para atraer a otros compañeros de la misma especie o
distinta. De esta forma, podían atrapar vistosas y cotizadas aves acuáticas migratorias, cuyas
plumas se podían vender en el mercado a buen precio, y cuya carne era apreciada en
mayor o menor medida. El arte de la
pesca también ha utilizado, y sigue utilizando, señuelos para conseguir presas.
A
partir de esa información, me interesé por el mundo de los señuelos y de los
patos, incorporando, de tarde en tarde, algún otro pato a mi patrimonio doméstico. La
palabra señuelo, pasado el tiempo, derivó, por extensión, en un término negativo
al emplearse para definir a todo aquello que se utiliza para inducir a hacer
algo, o atraer a alguien, a través de una mentira o de un engaño.
El
pato es un ave palmípeda, con alas, cuyo cuerpo está cubierto de plumas y posee una
membrana entre los dedos de sus patas que le permite nadar con facilidad. A pesar
de poderse domesticar con cierta facilidad, la mayoría de las especies viven
libres y salvajes en la naturaleza. Desde siempre, ha sido un animal familiar y
útil para el ser humano, sirviéndose de él por sus plumas, por su carne, por
sus huevos, por sus crías o para emplearlo
como señuelo con el fin de conseguir otros ejemplares.
La
literatura infantil, gracias a la pluma del danés Hans Christian Andersen, que
escribió en 1843 la optimista historia del Patito feo, nos muestra a un joven
pato más grande, más feo y más torpe que sus hermanos que, al final, resulta ser
un cisne. Gracias a este cuento, el pato representa la esperanza de lo que
podemos llegar a ser y el mejor antídoto contra la falta de confianza,
enseñándonos que jamás debemos perder nuestra propia autoestima. Para que los
demás nos aprecien, debemos empezar por apreciarnos a nosotros mismos.
Algunos
de mis patos son simplemente objetos de adorno, pero otros son
cajas o joyeros que se abren por arriba. Tienen distintos tamaños; desde los tres a los
veinte centímetros; materiales diferentes, madera, porcelana o loza; y
los hay tallados artesanal o industrialmente.












