Aficiones y pasatiempos: Casas de muñecas (I)


Casas de muñecas (I)

El mundo de las casas de muñecas es apasionante y lleno de sorpresas. Ocurre con ellas como con las mascotas: se adoran si se las conoce y se ignoran si no existe un contacto previo. En zapatillas y en zapatos vamos a dedicar varias entradas al mundo de las casas de muñecas, para que disfrutéis con ellas como nosotros lo hacemos.


Las casas de muñecas permiten soñar y convertirse a los niños y a las niñas de muchos lugares del mundo en papás o mamás, abuelas, tíos, bomberos o lo que quieran ser. Existen infinitos modelos de casas de muñecas de materiales variados y de estilos muy diferentes, que van desde la típica mansión victoriana a la más moderna vivienda urbana minimalista. Gracias a las casas de muñecas podemos recrear historias, distribuir espacios, decorar, dar alas a la imaginación. Además, cumplen con la sobresaliente característica de ser un juego didáctico. El mayor y grave problema que presentan las casas de muñecas es su elevado coste, que impide el acceso a ellas a muchos niños y adultos de los cinco continentes.



El origen de las casas de muñecas está en los armarios escenarios, llamados casas de bebés, a modo de expositores, repletos de habitaciones construidas en miniatura con todo tipo de detalles arquitectónicos y llenos de utensilios y objetos domésticos fabricados a escala. Nacieron como juguetes de diversión y de entretenimiento para adultos acomodados del Norte de Europa en el siglo XVI. Se conoce ya la existencia de una casa de muñecas en Sajonia, Alemania, en 1512. Este tipo de casas se popularizaron en el XVII. Con el tiempo, las casas se hicieron más pequeñas y exteriormente más realistas.


Es en el siglo XIX cuando las casas de muñecas, sin dejar de ser un entretenimiento para adultos, dan el paso para convertirse en juguetes para niños. A partir de ese momento, evolucionan en dos direcciones: una lujosa, artesana y elegante para los adultos y otra más rústica, informal y de materiales no nobles para los niños.


A pesar de que el  amor y la pasión por las casas de muñecas los compartimos mi hermana, mis hijas y yo, nuestras aficiones son muy distintas. Mi hermana crea impresionantes miniaturas artesanales de estancias con autonomía propia. Por el contrario, nosotras no somos tan artistas y nos limitamos a mejorar, decorar y amueblar las casas de muñecas que adquirimos y que, a partir de la estructura original, las transformamos según nuestros gustos, con el fin de jugar y de entretenernos con ellas.



Mi primera casa de muñecas real llegó muy tarde, cuando yo tenía 14 años y después de llevar muchos años suspirando por ella. Era de madera, tenía luz y unos muebles horribles que dejaban poco margen para la imaginación. Me hizo muy feliz y la transformé en la media de lo posible. Desgraciadamente, desapareció temprano de mi vida y desconozco su final.





La siguiente casa de muñecas que irrumpió en mi camino, fue un Regalo de los Reyes Magos para mi hija mayor, cuándo ella tenía 6 años. Su padre y yo trabajamos durante meses por la noche, cuando las niñas dormían, para transformar la rústica casa, abriendo puertas, instalando una escalera en todos los pisos, cubriendo los suelos y empapelando las paredes. Esa casa maciza y robusta de buena madera sigue con nosotros.



Años después, los Reyes volvieron a venir cargados con otra casa de muñecas para nuestra hija pequeña. Esta vez, el trabajo de montaje fue posterior a la Navidad, ya que la casa venía sin armar. Durante semanas trabajamos por la noche en acondicionarla, en pintarla y en darle nuestra nota personal. La casa ha ido mejorando con los años, gracias a un amigo artista que la dotó de luz, de chimenea interna, y que la dejó como solo un artesano sabe hacerlo.



Mis hijas han jugado muchísimo con las dos casas y han sido muy felices. Los primeros muebles eran artesanos de madera pero, poco a poco, los fuimos cambiando por el mobiliario de Playmobil que se adaptaba mejor a sus juegos. Cuando se juega con las casas de muñecas, se hacen juegos de simulación, y la vida real estaba presente en los modernos utensilios, coches, muebles y complementos que esta marca de juguetes ofrecía y ofrece, y no en los caros y preciosos muebles de madera, estancados en la estética del siglo XIX.



La tercera casa llegó cuando mis hijas eran mayores y fue un capricho personal. Nuevamente, me entró el gusanillo de transformar y, sobre todo, de amueblar una nueva vivienda. En esta labor pasé mucho tiempo, disfrutando al redistribuir, una y otra vez, el espacio y los muebles que iba adquiriendo.



En la actualidad, las tres casas están perfectamente conservadas, expuestas en lugares estratégicos, vacías y deshabitadas, a la espera de que una nueva generación les dé nueva vida. La razón de su soledad radica en que estas viejas y queridas viviendas tienen nuevas rivales que acaparan nuestra atención.

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