Nuestras mascotas: la higiene de un perro
Vivir día a día con una mascota, en este caso un perro, requiere una serie de pautas y de actuaciones para evitar problemas y lograr una convivencia satisfactoria y feliz para la familia y el animal. El primer paso para ello es tan sencillo como visitar periódicamente al veterinario para que compruebe su salud y nos anote en el pasaporte y cartilla del animal las vacunas y los datos reseñables.
La higiene del perro y de todos sus utensilios es fundamental para conservar el hogar limpio y sin malos olores. Todo el que ha tenido un cachorro sabe que los primeros meses de éste resultan emocionantes y divertidos pero, a la vez, estresantes y agotadores. Enseñar a un perro a hacer sus necesidades en la calle o en la zona de la casa asignada para ello resulta una tarea laboriosa, paciente y relativamente lenta, por más que el cachorro sea inteligente y receptivo.
Pero una vez superada esta primera fase del aprendizaje del control de vejiga y esfínteres, en el que la vivienda, en determinados momentos, pudo parecer un campo de minas, empieza un nuevo proceso, que consiste en mantener la casa limpia y aromática, no para los que vivimos en ella, que pronto nos acostumbramos al olor del perro y luego ya no lo notamos, sino para los amigos y familiares que nos visitan y que sí son conscientes del aroma y del aspecto de la vivienda. Ciertamente, no es igual ni comparable el olor que desprende un perro grande, o de mucho pelo o con tendencia a expulsar babas, con un perro de poco peso o que no pierda pelo. Las pautas y los resultados, por más que lo deseemos, no serán iguales.
Cada raza necesita una periodicidad diferente para bañarse, en función de su piel y de su pelo, pero, como pauta general, cada 21 días deberíamos darle un baño a nuestra mascota, al margen de los baños esporádicos y urgentes que nos vemos obligados a efectuar por pequeños contratiempos que surgen, como revolcarse en la arena, mojarse en un charco sucio, mancharse con algún excremento, etc. En el baño debemos utilizar únicamente productos adecuados para perros, teniendo cuidado de que no cojan frío ni les entre agua en las orejas. Hay colonias, totalmente inocuas para la mascota, que podemos utilizar periódicamente para que huela bien. Y diariamente, o cada dos días, debemos peinarlo para quitarle los nudos y sanear su pelo,
La limpieza bucal también es muy importante para la salud de nuestro perro. En el mercado existen alimentos que pueden ayudar a mantenerla. Pero para perros sumisos y dueños valientes es preferible limpiarles los dientes una vez al día, con un dentífrico apropiada para ellos. Existe, incluso, un spray que no requiere el uso de cepillado. No es efectivo al cien por cien, pero consigue que el aliento huela mejor.
La comida y los cuencos para beber y comer tienen que estar limpios en todo momento y en un lugar fresco. Es necesario limpiar el cuenco de pienso cada vez que nuestra mascota acaba de comer y cambiar el agua varias veces al día, limpiando el bebedero diariamente. Los sacos de pienso tienen que estar cerrados y en su sitio. Si la comida es blanda, una vez que se abre el bote, éste debe conservarse en la nevera. Siempre que la mascota acabe de comer, hay que limpiarle el hocico para que no deje restos de comida por la casa. Cuando el perro acaba de beber, es más difícil limpiarlo porque él toma agua cuando lo necesita y no siempre nos damos cuenta, pero si le vemos beber, debemos limpiarlo.
Cada vez que nuestro perro regresa a casa es imprescindible limpiarle el hocico, los orificios de la vejiga y del ano, y las patas. De esta forma, mantendremos a nuestro amigo aseado y no manchará la casa. Debemos hacerlo con un trapo o toalla que lavaremos de continuo o con toallitas desechables. La pelota o los juguetes con los que juega en la calle no deben utilizarse en casa, a no ser que se laven. También debemos secar a nuestro amigo cuando llega a casa mojado.
Tanto la cama como los complementos de la misma hay que lavarlos periódicamente. Lo ideal es que lo hagamos todas las semanas. De esta forma, la cama no acumula olores y el perro no los absorbe. La ropa que nuestro perro usa a lo largo de la semana (toalla, manta, chubasquero, abrigo, etc.) también hay que lavarla, ya que se ensucia y se impregna del olor del perro, así como los juguetes, que hay que guardar en un contenedor que se pueda limpiar con facilidad. Cada vez que el perro deja de jugar, debemos recoger sus juguetes, de la misma forma que lo hacemos con los de nuestros hijos pequeños. Otros utensilios de nuestra mascota como la correa, el cinturón del coche o el transportín deben mantenerse limpios y en buen estado.
Recordad que siempre que nuestro compañero, por el motivo que sea, devuelve, hace pis o caca, debemos limpiarlo inmediatamente y utilizar, a continuación, un producto que elimine cualquier resto de olor, como el vinagre. Lógicamente, en nuestro coche deben regir las mismas normas que en casa.
Con estas sencillas y constantes pautas lograremos tener una casa saneada y agradable, donde la presencia de nuestra mascota sea motivo únicamente de alegría, y donde el bienestar de todos los miembros de la familia sea la nota dominante.


















