Aficiones y pasatiempos: Gomas de borrar
Gomas de borrar
El borrador o goma de borrar, llamado así por tener una consistencia similar a la goma, es un utensilio que utilizamos con las manos para hacer desaparecer los restos de lápiz o de tinta. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando el inglés Joseph Priestley, en 1770, frotó un trozo de caucho contra una pared y consiguió borrar un trazo de grafito.
Su materia viene del árbol brasileño del caucho o seringueira. El caucho tiene el inconveniente de pudrirse, oler mal y descomponerse. Estos problemas se solucionaron en 1839, cuando Charles Goodyear mezcló el caucho con el azufre para darle elasticidad, dureza e impermeabilidad. Este fenómeno se conoce como vulcanización. Además del caucho, muchas gomas de borrar poseen diversos componentes plásticos como el titinilio, derivado del vinilo, y el titanio. Se consiguió, de esta forma, que la goma aguantara el paso del tiempo sin deteriorarse.
El descubrimiento del borrador simplificó y facilitó la escritura, al permitir eliminar los errores que se cometían al escribir, sin dejar huella. A pesar del tiempo transcurrido desde su creación y de la irrupción de la tecnología que usurpó influencia a la escritura, la goma de borrar sigue siendo un material fundamental e imprescindible en las escuelas y en las oficinas. Hay artistas que utilizan el borrador como un instrumento más de dibujo, para aumentar o rebajar la intensidad del trazo, y para crear sombras, texturas o reflejos.
Existen en el mercado diferentes tipos de borradores, tales como los moldeables (masilla plástica) que se emplean para el grafito blando o el carboncillo; la de caucho que tiene diferentes variantes como la miga de pan, que se deshace al borrar; la de plástico duro que se utiliza en el dibujo técnico; la de tinta, etc. En los últimos años, el líquido corrector ha sustituido, en muchos casos, al borrador tradicional. Algunos modelos de lapiceros y de portaminas llevan en un extremo una goma de borrar.
La goma de borrar es un elemento cotidiano que pertenece al mundo de las cosas insignificantes y sin valor económico, a pesar de ser, aún hoy, un objeto útil e imprescindible en nuestras vidas.
Mi colección de borradores es pequeña y humilde. Surgió como un homenaje a un objeto que ha sido mi compañero de pupitre desde que lo conocí en mi primer día de guardería y que me ha acompañado en mi paso por la escuela, por el colegio y por la Universidad. Sigue siendo un amigo insustituible en el trabajo y un mimado pasajero de mi bolso, al serme necesario para corregir mis desaciertos a la hora de rellenar los crucigramas o los sudokus, o para eliminar los garabatos que hago cuando pretendo dibujar.











