Paseando por el mundo: El Museo Vasa


El Museo Vasa 

De los museos que conozco, el Museo Vasa, sin duda alguna, es el más original y figura por méritos propios entre mis cinco museos preferidos. Situado en Estocolmo, en la céntrica isla de Djurgaarden, antigua reserva de caza, el Museo recibe su nombre del navío de guerra que alberga en su interior que, a su vez, se denomina así por la Dinastía Vasa que reinaba en Suecia en la época del buque.




Tanto el continente, un impresionante edificio moderno, el que destaca su silueta sobre el paisaje urbano de la ciudad, gracias a los mástiles que sobresalen del techo y que alcanzan la altura real del barco original, como el contenido, un buque de guerra del siglo XVII, impactan y dejan sin palabras a los visitantes. Por mucho que hayas leído o conozcas sobre este lugar y su historia, esto no impide que te asombres nada más entrar en el recinto.




Este espectacular museo gira sobre el navío Vasa, construido entre los años 1625 y 1628 por orden del Rey Guillermo Adolfo II. El barco, de 52 metros de altura hasta el palo mayor, y 69 metros de proa a popa, con un peso de 1.200 toneladas, zarpó el 10 de agosto de 1628 del Puerto de Estocolmo. 300 metros después de dejar tierra, el barco se escoró, a consecuencia de una fuerte ráfaga de viento, y, poco tiempo después, el barco, el orgullo de toda la nación, se hundió, junto con 30 hombres, de los 200 tripulantes del barco. Algunos de sus esqueletos se rescataron cuando se recuperó el buque.



El barco, que reposaba a 32 metros de profundidad, fue rescatado el 24 de abril de 1961, después de estar en el fondo del mar 333 años. En el verano de 1990 se inauguró oficialmente el Museo Vasa. Desde ese día hasta hoy, el Museo ha ganado prestigio y visitantes, hasta el punto de ser el museo más visitados de toda Escandinavia. 




El Museo, íntegramente dedicado al barco, cuenta con una enorme sala que alberga al navío tal como se hundió. No se puede visitar su interior pero lo podemos contemplar, con explicaciones ilustradas y concisas en varios idiomas, desde los seis pisos de altura que tiene el edificio.




Un interesante y espléndido documental del Vasa lo podemos visualizar en dieciséis idiomas. En él se explica la historia de la construcción y del hundimiento del barco, así como el laborioso proyecto de recuperación del mismo.




Más de 4000 objetos rescatados del interior del Vasa están expuestos en el Museo, destacando de entre todos ellos las esculturas policromadas que adornaban el casco del barco. Una pequeña reproducción de todas las estancias del barco la podemos también contemplar, así como los utensilios domésticos y de guerra que transportaba: la ropa de los marineros, la comida, el utillaje de cocinar y comer, los cañones, etc. Incluso, es posible admirar las seis velas del navío que, por fortuna, el día del naufragio no estaban arboladas. Son las velas más antiguas conservadas.



El Museo no escatima reproducciones ni paneles explicativos. La visita, tanto guiada como individual, es sencilla e ilustrativa y resulta tan larga como se quiera ya que el material que se nos ofrece es extraordinario y único. Es una vuelta al pasado, sin movernos del presente. A pesar de la multitud de visitantes que acuden diariamente, el recorrido siempre resulta agradable y enriquecedor.




El contraste entre el exterior y el interior del Museo sorprende. El mar, la naturaleza, la silueta de la ciudad y la compañía de otros museos, dan paso en su interior a un espacio frió y en penumbra, que te introduce, al instante, en la historia casi fantasmal del pecio hundido y rescatado. En la planta baja, en la zona de los investigadores y restauradores, éstos siguen estudiando y trabajando para descubrir y aportarnos nuevos datos, no sólo de la historia de la navegación sino también de la historia cotidiana y social del siglo XVII. El Museo es el único escenario del mundo donde podemos contemplar con nuestros propios ojos un barco que, botado de los astilleros cuatro siglos atrás, se conserva y se mantiene como el primer día.



La visita al Museo Vasa de Estocolmo justifica, por sí sola, un viaje a Suecia

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