Paseando por el mundo: Ultramarinos La Confianza de Huesca
Ultramarinos
La Confianza de
Huesca
Huesca,
considerada como la puerta de los Pirineos, tiene un patrimonio histórico digno
de mención. Junto a la Catedral de Santa María, el Monasterio de San Pedro el
Viejo, el Ayuntamiento, el Convento de San Miguel, la Torre de la Muralla, y el
Casino es necesario mencionar Ultramarinos La Confianza, establecimiento declarado, en el año 2013, Patrimonio histórico comercial de la Humanidad.
Bajo
los soportales de la Plaza López Allué, conocida popularmente como la Plaza del
Mercado, en el número 8, se encuentra la tienda de ultramarinos considerada más
antigua de España de las que están en funcionamiento.
Fue
abierta al público, en 1871 por el francés Hilario Vallier, como mercería y
sedería. Muy pronto incorporó productos de importación traídos de
Ultramar: especias, cafés, chocolates, etc. La familia que hoy regenta el
establecimiento lo adquirió en los años de la posguerra española.
La
vistosa fachada exterior y los escaparates del establecimiento nos
anuncian lo que nos espera nada más traspasar la puerta. El mobiliario y la
decoración son los originales de la época de su fundación, y se conservan en perfecto
estado.
El
techo fue pintado por el oscense León Abadías con composiciones
alegóricas al comercio internacional y a los productos que se vendían en la tienda. El dios
Mercurio, dios del comercio, preside la escena, junto a dos bodegones y los escudos de las monarquías
europeas del siglo XIX.
El
suelo, los mostradores, las estanterías, las paredes, las puertas, los
escaparates, los cajones y la madera que envuelve la tienda no dejan indiferente
a nadie. Entrar en el establecimiento es perderse en el tiempo y retroceder
hasta el siglo XIX. Hay que destacar, sin embargo, que la limpieza y la higiene
del comercio responden a las más estrictas exigencias y normas sanitarias del
siglo XXI.
En
la actualidad se venden productos de calidad, como el azafrán, que se ofrece a granel y se guarda en cajones, productos artesanales
de la zona, legumbres, productos del otro lado del Atlántico, caramelos, dulces, vinos, conservas de calidad y un largo repertorio. Los propietarios han diversificado la oferta comercial a lo largo del año; así ofrecen en Navidad licores,
en Semana Santa bacalao, o en febrero chocolate.
Los dueños han conseguido que La Confianza sea un
reclamo turístico y cultural. Cada año visitan la tienda más de 25.000
personas. Para fotografiar el establecimiento es necesario adquirir algún
producto (valen unos caramelos), o pagar por ello. Además, debajo de la tienda
transformaron un trastero, hace 10 años, en una bodega, un escenario y un restaurante donde se celebran eventos, comidas o cenas, bajo petición. De
hecho, su deseo es convertir el lugar en un museo.










