Paseando por el mundo: Tallín
Tallin
Tallín, la capital de la República de Estonia, una de las tres Repúblicas Bálticas, es una
ciudad de, aproximadamente, 400.000 habitantes, que posee un casco antiguo
propio de un cuento. La ciudad surgió como un puerto comercial en
la ruta marítima que unía Europa occidental con Rusia, conociendo su máximo apogeo en la Edad Media. Tras la independencia del país, en 1991, la ciudad ha
vuelto a resurgir, gracias al turismo.
Cuando se recorre esta bella
ciudad, se notan en sus calles, en sus edificios y en su población, las huellas que dejaron los distintos pueblos que la han sometido a lo largo de los siglos, algunos aún en épocas relativamente
cercanas: daneses, alemanes, suecos y rusos. Hoy, sin embargo, son los finlandeses
los que, cada fin de semana, invaden la ciudad para divertirse, junto con los
nuevos millonarios rusos que pasean sus potentes coches y sus espectaculares mujeres. No hay que olvidar que
Tallín se encuentra solamente a 350 kilómetros de la imponente San
Petersburgo.
La ciudad histórica de Tallín se compone de dos partes: Vanalinn y Toompea.
La primera de ellas es la zona medieval, enclavada en la parte baja
de la ciudad, en oposición a la segunda, más moderna y situada en la parte
alta, donde se asentaban la nobleza y los organismos importantes de la capital.
A pesar de ser la primera ciudad europea con transporte público
gratuito, no es necesario recurrir a él para ver la zona antigua. Tallin se
visita cómodamente a pie, disfrutando de sus calles adoquinadas, y
encontrándonos en cada esquina o rincón con agradables sorpresas. Es una ciudad
que sorprende y que deja huella en la memoria y en el corazón.
La muralla, el Bastión de
Margarita la Gorda (la torre de una de las entradas de la ciudad amurallada), la
Iglesia de San Olaf, la calle Pikk (con las interesantes leyendas escritas en
las famosas casas de los alemanes), la Plaza del Ayuntamiento (punto central de
la ciudad), las Iglesias del Espíritu Santo o de San Nicolás, la medieval calle
Vene con las ruinas del Monasterio de los dominicos, el Parlamento, o la
Catedral Ortodoxa de Alexander Nevski, son lugares imprescindibles para visitar
y recrearse en ellos.














