Paseando por el mundo: Hidra
Hidra
Hidra
o Hydra es una pequeña isla griega, de 64 kilómetros cuadrados y menos de 3.000
habitantes, situada en el Golfo Sarónico, en el Mar Égeo, a 50 kilómetros al
sur de Atenas, y separada del Peloponeso por el Estrecho del Golfo de Hidra.
Es
una isla turística, que pertenece al Archipiélago de las Islas Sarónicas, al
igual que Egina, Poros y Spetses. Se accede únicamente por barco. Varios ferris
regulares, que parten del Puerto del Pireo, en Atenas, arriban a la isla cada
día, de la misma forma que lo hacen los que llegan de la ciudad griega de
Nauplia. A causa de su cercanía con la capital del país, son los atenienses los
turistas más numerosos y habituales en la isla.
Hidra es una isla volcánica, rocosa y montañosa con poca vegetación a pesar de ser fértil.
Su nombre hace referencia a los numerosos pozos de agua que existían. Sin embargo, después de distintos movimientos sísmicos, desaparecieron,
hasta el punto de que, en la actualidad, el agua se tiene que transportar desde
el continente.
A
excepción de los camiones que recogen la basura, están prohibidos los vehículos. Por ese
motivo, todo el transporte se realiza a pie, en bicicleta, en burro (un emblema
de la isla), o en taxis acuáticos. De ahí que resulte un lugar pintoresco y
atractivo, donde se puede disfrutar de la paz y de la tranquilidad. No es de extrañar,
por tanto, que su puerto acoja a numerosos yates.
El perímetro costero de Hidra mide 55 kilómetros, y posee multitud de playas rocosas, acantilados y calas para disfrutar del baño. A muchas de ellas solo se puede acceder en barco, lo que imposibilita la llegada de multitudes, convirtiendo a algunos de estos lugares en espacios casi privados. El contraste de colores que produce el azul del mar y del cielo con las casas blancas y la flora mediterránea que adorna calles, plazas, jardines y casas es asombroso, único y muy difícil de describir.
La
isla tiene una sola villa o ciudad del mismo nombre. En las calles más cercanas al puerto están instalados los establecimientos comerciales, los
restaurantes y muchos de los hoteles y hostales que acogen a los turistas. De
ahí que el bullicio y la animación giren en torno al puerto que, curiosamente,
tiene forma de media luna. En la medida que ascendemos por las calles
empinadas, descubrimos increíbles vistas y desaparecen los turistas.
La
ciudad es cosmopolita, y en ella nos podemos encontrar con gente de los cinco
continentes. En el centro urbano se levantan grandiosas y nobles casas
construidas por arquitectos genoveses y venecianos. Muchas de ellas, en la actualidad, acogen museos. La Casa de Los Tombazis cobija la Escuela de Bellas Artes y la
Casa de Tsmadou es hoy la Escuela Superior de la Marina Mercante. Hay que señalar que Hidra fue una potencia naval y que jugó un
papel importante en la Guerra de Independencia Griega.
La
ciudad está amurallada. La
actual Catedral está ubicada en el Monasterio de Teotocos. Y en la parte alta
de la ciudad se encuentra el Monasterio de Profitis Ilias, cuyas vistas de la
ciudad y del Egeo son insuperables. También son visitas obligadas la Iglesia de la
Ascensión, donde sobresale su torre campanario de tres pisos, construida en
mármol; el Museo Eclesiástico, el Museo Bizantino, y el Museo Kountouriotis, instalado en una mansión del siglo XVIII, que custodia parte del patrimonio del Museo
Nacional de Historia.
El
aspecto idílico y de ensueño de Hidra se asienta sobre las
rígidas normas urbanísticas que gobiernan la isla, y que prohíben las construcciones particulares para conservarla y mantenerla tal como hoy la podemos
contemplar.
Visitar
este rincón del Mar Egeo, donde la luz es la protagonista, es un sueño del que uno no quisiera jamás despertar.


















