Jardinería: El bálsamo de la naturaleza
El bálsamo de la naturaleza
Después de toda una semana trabajando de 8 de la mañana a 5 de la tarde fuera de casa, es normal que desee descansar el fin de semana y disfrutar del tiempo libre. Y, en teoría, nada mejor que retirarse a la casa del pueblo, donde la naturaleza y la quietud dominan.
Pero este fin de semana una plaga de hormigas ha decidido perturbar mi retiro y fastidiarme el descanso. Ya habían comenzado a invadirnos el viernes pasado pero estábamos convencidos de haber acabado con ellas, gracias a los productos que les aplicamos, cuando nos fuimos el domingo por la tarde.
Sin embargo, anoche cuando llegamos casi me me da un patatús al ver el pasillo y la cocina repletos de hormigas. Para una enemiga de los insectos como yo y una maniática de la limpieza, esta invasión me alteró y me obligó a eliminarlas sin la posibilidad de utilizar productos químicos, a causa de la presencia de Moka, nuestra mascota. Me tocó limpiar y limpiar.
Después de dos horas de gran enfado y mayor esfuerzo, creí que había acabado con las hormigas. Sin embargo, han resultado hasta el presente invencibles. En el desayuno ya nos habían vuelto a invadir, sin encontrar explicación a cómo, dónde y cuándo.
El caso es que, al medía mañana, rabiosa, malhumorada y a punto de tirar la toalla, decidí tomarme un descanso y serenarme, saliendo de casa para contemplar la naturaleza que me rodea. Así que, con el móvil, he fotografiado las maravillas que tengo a mano, sin dar más de veinte pasos.
Y la verdad es que, contemplando el paisaje y oliendo la hierba seca, me he olvidado de la maldita plaga. El día caluroso y soleado iluminaba un campo verde, gracias a las últimas lluvias. Las hortensias, las rosas, el limonero, la hiedra, el camino, los prados, las vacas, la tranquilidad y mi vecino Luis, segando con su guadaña, me devolvieron la paz.
Conseguiremos eliminar las hormigas, antes o después, con más o menos esfuerzo, pero esta naturaleza viva y exuberante que contemplo en delantal y zapatillas no tiene precio, y compensa por mil la rabia, la impotencia y el mal humor.
Aprovechad, que mañana es domingo, para salir a cualquier pueblo, y disfrutad de la naturaleza, a la vez que os olvidáis de disgustos y preocupaciones.















