Decoración: Un salón con encanto
Hoy, a las siete de la mañana,
después de desayunar, no he podido resistirme a hacer unas fotos a nuestro
salón. El sol brillaba y entraba a raudales en la habitación, iluminándolo con
una potente luz que barría todas sus
imperfecciones, y creaba una atmósfera de ensueño que invitaba a la calma y a
su contemplación.
En ese instante, parecía que este
rincón era la habitación más perfecta del mundo y que ni le faltaba ni le
sobraba nada. El conjunto resultaba compacto y parecía tener su propia magia y
personalidad. Me habría gustado poder detener el tiempo para disfrutar con
calma, sin prisas y sin sobresaltos, de esta estancia tan armoniosa.
Pero lo más interesante y
asombroso de este escenario es que los muebles y muchos de los complementos del salón tienen bastantes años. Han vivido y se han mudado de casa y de
Comunidad Autónoma en varias ocasiones. El secreto de mantener el salón joven
y fresco es que cada año lo actualizamos, renovando o retocando aquí y allá. Las
mesas son las piezas que, más recientemente, cambiaron de aspecto. Las pinté de blanco, con pintura a la tiza, para aclararlas, ya que su color oscuro
hacía tiempo que me abrumaba. Anteriormente sufrieron el mismo proceso la estantería, el mueble cajonero y el reposapiés.
La mejor forma de transformar y actualizar una
habitación con poco dinero es jugar con los textiles. En este caso, hemos incorporado
la alfombra de lana, perfecta para andar descalzos, sentarse o tirarse sobre
ella, que ha sustituido a la anterior que ya mostraba los signos propios del
envejecimiento. Los cojines, combinados en la actualidad en tonos rojos y
blancos para dar vida y mayor luz a la estancia, se han ido modificando según las
necesidades. Las mantas, que cambian de
textura según las estaciones, evolucionan en función de las tendencias.
Los complementos,
lámparas, plantas, adornos, velas, bandejas, libros, cuadros, portaretratos, etc. son fáciles
de intercambiar y de incorporar a costes reducidos. Además, es con estos elementos
con los que podemos ser más creativos o audaces, porque son los sentimientos los
que los impregnan y les dan valor.
El sofá y los sillones tienen
varias décadas de vida pero, como nos encantan y no estamos dispuestos a
cambiarlos, entre otras cosas porque tienen una estructura magnífica y un
diseño muy personal, hemos regenerado, ya hace tiempo, su imagen con un nuevo tapizado. Y
mientras esperamos reemplazar la actual tela, una manta, una colcha o cualquier textil claro
nos crea la ilusión de modernizar el conjunto.
Lo mejor de actualizar la imagen de nuestros muebles es que, si no nos gusta el resultado, siempre hay una marcha
atrás. Tenemos que concienciarnos de que no siempre lo nuevo es lo mejor. La
calidad, la belleza y la personalidad de un mueble antiguo perduran por encima de modas y
estéticas.







