Decoración: La casa de la ciudad
Una diminuta guirnalda y un estilizado muñeco de trapo nos dan la
bienvenida y nos anuncian la Navidad de forma ingenua y divertida antes ya de
traspasar el umbral de la vivienda.
Este año hemos decorado la casa con lazos rojos y
adornos viejos que reutilizamos cada Navidad, añadiendo algún pequeño adorno
adquirido a un módico precio.
Una Flor de pascua colocada estratégicamente entre otras plantas o unas copas de cristal con velas rojas, espumillón verde y minúsculas figuras navideñas crean rincones visuales impactantes.
Unas sencillas manzanas rojas intercaladas entre
plantas (en este caso, cactus en tiestos de plástico utilizando vasos de
cristal a modo de macetas) dan una nota alegre y elegante. En este caso se
juega con los volúmenes, los colores y
los materiales.
Las velas son
elementos imprescindibles para crear ambientes acogedores. Nuevamente el juego
de contrastes permite jugar con las luces y los colores. El espejo es el gran
aliado tanto para ampliar espacios, como
para incrementar la luz o aunar espacios
diferentes.
Dos diminutas muñecas de trapo sobre el mueble del
vestíbulo son la primera imagen de la Navidad que vemos nada más entrar a casa.
Una vela roja, rodeada de piñas y restos de espumillón verde, colocada
en un plato con pie de cerámica crea un personal centro navideño. Una vez más,
la lazada roja intensifica el ambiente festivo.
A todos nos gustan los abetos naturales pero
desgraciadamente su alto coste y el riesgo de secarse nos obligan a conformarnos
con los árboles artificiales. No es
necesario que éstos sean espectaculares para resultar bonitos y elegantes. Un
árbol de bazar cumple la función a la perfección y nos durará varios años. Esta
Navidad nos ha tocado comprar árbol. El anterior, comprado por 10 euros, lo hemos
tenido durante cinco años. Como era demasiado pequeño decidimos adquirir otro
más alto y de más volumen. Seleccionamos uno de la serie más económica de una
famosa cadena comercial. El faldón que pusimos en la base fue un capricho ya
que nos costó más que el abeto. De todas formas, la inversión nos ha parecido
acertada porque nos durará mucho tiempo. Además como tiene dos caras, las
iremos alternando.
Utilizamos los mismos adornos de un año para otro.
Como las figuritas no se deterioran llevamos años sin novedades en el árbol
porque no lo queremos abarrotar. La
frase tan repetida de menos es más,
en el caso del árbol de Navidad es cierta. Lo ideal es decantarse por dos o
tres colores, permitiendo que el follaje verde destaque sobre lo demás.
Los Papás Noel, tan de moda hace años, que se
colgaban en las fachadas, nos sirven hoy para decorar el interior de nuestros
hogares, si sabemos encontrarles un lugar apropiado: en lo alto de la escalera,
en el lateral o frente de un armario, colgado de una percha o sujeto a la
manilla de una puerta.
La bandeja de la mesa del salón engalanada con espumillón verde, velas y
manzanitas es un espléndido centro de mesa. El rincón se complementa con los
lazos rojos y la figura de Papá Noel, regalo de cumpleaños de años atrás, que
resiste Navidad tras Navidad y que cambia de ubicación según las necesidades.
La librería vestida para la ocasión con pequeños muñecos de tela y
lazos se contagia del espíritu navideño. Unas velas, promoción de una conocida
revista de decoración, complementan el conjunto.
La vieja y usada manta de viaje, tan familiar y
socorrida en muchos hogares, colocada en el respaldo del sofá lo transforma y
hace la estancia más acogedora y cálida. Con esta fórmula, este invierno estrenamos
sofá.
El ciclamen, que
por unos días lo hemos trasladado desde el balcón al salón, las velas ambientadoras y la lámpara con un
gran lazo rojo crean otro rincón único.
Hasta la oca la hemos vestido de fiesta.















