Decoración: Mi sillón orejero
Mi sillón orejero Siempre me han encantado los sillones orejeros. Los he asociado a tranquilidad, comodidad y libros, mi gran pasión. Cuando mis hermanos y yo hacíamos casitas de muñecas con cajas de cartón, antes de tener la fortuna de recibir una de madera, les mandaba fabricar sillones para sentar a mis diminutos muñecos. Y siempre me los imaginaba orejeros. Por ese motivo, acabábamos enfadados porque, por mucho entusiasmo y habilidad que ponían, lo que me ofrecían nada tenía que ver con lo que yo quería. En la casa de mis padres, había un orejero de piel pero en el que, solo en contadas ocasiones, teníamos los niños la oportunidad de sentarnos. Era, a todos los efectos, el trono de mi madre. En la medida en que crecimos, varios sillones irrumpieron en la casa familiar pero ninguno de ellos era orejero. A pesar de las inmensas ganas que tenía de poseer un orejero, por razones diversas, no fue hasta hace pocos años cuando conseguí ser la p...